Previo a la inauguración formal de K'iwik, durante su jornada académica, representantes de Honduras y Guatemala coincidieron en que el turismo comunitario solo puede desarrollarse de manera sostenible si se respetan los usos y costumbres de los pueblos originarios y se garantiza que los beneficios económicos permanezcan en las propias comunidades.
Durante un panel de expertos, los participantes destacaron que este modelo turístico representa una oportunidad para generar ingresos, preservar el patrimonio cultural y proteger los recursos naturales, siempre que se eviten prácticas que provoquen gentrificación o afectaciones a los territorios ancestrales.
Marcio Rivera, director ejecutivo de la Red de Comunidades Turísticas de Honduras, explicó que uno de los principales desafíos es evitar que actores externos se apropien de la actividad turística en las comunidades sin generar beneficios directos para sus habitantes.
“Ahora tenemos competencia de personas de la iniciativa privada que ofrecen tours en las comunidades sin formar parte de ellas. La idea es que sean los propios pueblos originarios quienes se beneficien al mostrar y compartir parte de su realidad”, señaló.
Indicó que desde hace dos décadas trabajan bajo un modelo que privilegia a los habitantes originales del territorio como principales beneficiarios del turismo comunitario, promoviendo que el crecimiento económico vaya acompañado del fortalecimiento de las comunidades.
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Rivera destacó que una de las estrategias más exitosas en Honduras ha sido impulsar liderazgos comunitarios capaces de definir cómo ofrecer experiencias auténticas a visitantes que buscan alternativas distintas a los destinos turísticos tradicionales.
“Hay muchas personas que se dedican al turismo y que no creen en el turismo comunitario porque consideran que es de baja calidad. Sin embargo, nosotros hemos encontrado un segmento de visitantes que valora estas experiencias y nos permite fortalecer nuestra oferta”, afirmó.
Retos para consolidar el modelo turístico
Asimismo, subrayó que las comunidades no buscan atraer turismo masivo, ya que consideran que un crecimiento desmedido puede poner en riesgo sus valores culturales y formas de vida.
El especialista también consideró que uno de los principales retos en América Latina es la falta de apoyo gubernamental hacia este tipo de iniciativas, debido a que suelen operar a pequeña escala y no siempre son vistas como una prioridad por los tomadores de decisiones.
Por su parte, David Salguero, coordinador de Turismo de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén, Guatemala, explicó que en su país el turismo comunitario ha sido una herramienta para aprovechar de manera sostenible los recursos naturales y fortalecer la conservación de la Reserva de la Biósfera Maya.
“Como organización estamos desarrollando 13 proyectos de turismo comunitario, de los cuales nueve ya se encuentran en fase de comercialización. Lo más complejo es construir alianzas y consolidar estrategias que beneficien directamente a las comunidades”, comentó.
Conservación e identidad de los pueblos originarios
Salguero señaló que este modelo también contribuye a preservar la identidad de los pueblos originarios y actualmente beneficia a alrededor de 17 mil personas en distintas regiones de Guatemala.
Finalmente, destacó que una de las claves para el éxito de estas iniciativas es la colaboración entre comunidades, evitando competir entre sí y apostando por la complementariedad de sus ofertas turísticas para encontrar nichos específicos de mercado que generen beneficios compartidos.

