Esta semana la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá su segunda oportunidad para lograr la aprobación de una disminuida reforma en materia electoral, una propuesta que siempre estuvo sobre la mesa, que los aliados conocían; una reforma que lo que busca es ahorrar más recursos, recursos necesarios para seguir solventando programas sociales.
Desde antes de enviar al Congreso su iniciativa de reforma electoral para disminuir el número de legisladores plurinominales y el financiamiento a los partidos políticos, la titular del Ejecutivo federal sabía que no pasaría, pero tenía que subir la apuesta y en los hechos perdió.
Una primera lectura señala que no presionó lo suficiente a sus aliados que la postularon a la Presidencia de la República, pero quizá no era su intención presionar lo suficiente.
Desde que anunció los puntos que contendría su iniciativa original, la Presidenta sabía que el PT y el Partido Verde no la apoyarían, por ello advirtió que de no votarse a favor, no sería un fracaso, porque su compromiso con quienes votaron por ella, ya se había cumplido.
¿En serio se cumplió?
Lo más importante para el movimiento que encabeza la presidenta Sheinbaum, es mantener la unidad para seguir teniendo triunfos electorales y un escenario electoral en el que el PT y el PVEM no compitan junto a Morena en 2027 y 2030, pone en riesgo los triunfos que tanto han peleado.
Quizá por eso, la mandataria federal diga que no es una derrota y haya decidido enviar un Plan B, uno con el que sus aliados sí están de acuerdo, uno que vaya en contra de los salarios excesivos, que reduzca el número de legisladores, que reduzca el número de regidores.
Una segunda propuesta que lo que busca es tener más recursos, recursos que asegura irán etiquetados para obra pública, por lo que tendrá que hacerse un exhaustivo ejercicio de fiscalización para conocer si realmente este ahorro impacta en el mejoramiento de estados y municipios o si toman otro rumbo, por ejemplo, para mantener su estructura.
Es esa estructura morenista, captada a través de los programas sociales, la que le otorga la mayoría de votos a esos gobiernos que permiten a sus mandatarios tener salarios con los que por arte de magia pueden comprar residencias millonarias, viajar en aviones privados, ostentar joyas, autos y ropa de lujo, que resultan más indignantes que el recurso que se gasta para la organización de elecciones democráticas como las que les permitieron el triunfo en 2018 y 2024.
El llamado plan B sí pasará, porque el dinero de los aliados y sus intereses personales ya no se tocan y eso es lo único que les importa.
Y en Pregunta Sin Ofensa:
No sale a condolerse por los muertos de las inundaciones de octubre pasado, no expresa su solidaridad ni pésame a las familias de los elementos del Ejército fallecidos durante el operativo contra “El Mencho”, poco le importan los desaparecidos y desaparecidas de México, ah pero eso sí, López Obrador reaparece para pedir dinero a nombre de un pueblo que sufre por un gobierno dictatorial. No cabe duda que para eso de pedir dinero y no gastar el suyo es un experto.

