Las calles de Mérida amanecieron este jueves envueltas en una atmósfera atípica. La rutina de un día cualquiera se diluyó entre el tráfico pesado y un murmullo colectivo: hoy no es un jueves más; hoy México se convierte, por tercera vez en su historia, en el epicentro del fútbol global.
La fiebre mundialista se respira en el aire, se siente como un día feriado encubierto, pero dentro de las aulas de la escuela primaria Bernabé Argáez Milanés, la prioridad es otra. Aquí, el verdadero partido se juega en el pizarrón.
Enclavada en el norte de la ciudad y convertida en un auténtico referente para los vecinos de la colonia Chuburná de Hidalgo, la primaria rompió un poco la monotonía visual de cada mañana. El clásico uniforme escolar cedió terreno a un mosaico de colores: playeras verdes, blancas y de diversas selecciones internacionales vistieron a las infancias que, con una sonrisa, cambiaron la vestimenta oficial por la de sus ídolos de la cancha.
Te puede interesar:
Sin embargo, el balón rodó de forma puramente simbólica. La directora del plantel, Kathalina Cortés Pech, camina por los pasillos portando también la playera de la Selección Mexicana, pero con la mirada puesta firmemente en el calendario escolar. En entrevista para 24 Horas Yucatán, la docente dejó en claro que, aunque el orgullo mundialista está presente, la recta final del ciclo escolar no da tregua.
La prioridad sigue siendo el ciclo escolar
“Estamos trabajando normal. Se pensó en algún momento hacer algo, pero en la escuela no tenemos acceso a plataformas digitales. Los niños que quisieron, y las y los maestros que pudieron venir con sus playeras mundialistas, así lo hicieron, pero nuestra prioridad es el plan de estudios. Ya si a nosotros y a los niños les da tiempo, verán el partido en sus casas”, apuntó con pragmatismo.
La decisión de no detener las labores por la inauguración de la justa deportiva responde a una realidad logística y climática reciente. Las suspensiones de clases obligadas por los intensos temporales que azotaron a la región dejaron un margen estrecho para el cuerpo docente. Hoy, cada minuto cuenta para afinar los últimos detalles de las ceremonias de fin de curso y concluir los temas pendientes del programa educativo.




“Disfrutar un Mundial no es perder el tiempo”, matizó la directora, reconociendo el valor cultural y emocional del evento, “pero para no distraernos en otras situaciones, decidimos hacer algo simbólico”.
La comunidad responde con alta asistencia
La respuesta de la comunidad de Chuburná demostró que la sintonía entre la escuela y los hogares es total. A pesar del imán que significa el partido inaugural y la fiesta que se vive fuera de los muros escolares, las aulas registraron una asistencia del 90 por ciento.
Al final, en la Bernabé Argáez Milanés la fiebre mundialista se lleva en el pecho, pero la meta final sigue estando en los cuadernos. El silbatazo inicial del Mundial 2026 sonará en los televisores, pero el verdadero triunfo de estas infancias se firmará en la boleta de calificaciones.

