El cielo de la capital yucateca da una tregua con las lluvias, pero el sol no perdona. El pavimento hierve y los meridanos buscan desesperadamente un refugio contra el bochorno. En medio de este desierto urbano, el sonido de un bloque de hielo siendo raspado rítmicamente es el equivalente al canto de las sirenas, es el anuncio de que el oasis ha llegado.
Pero este no es un oasis cualquiera. Es el triciclo de Don José Huchim, un hábil comerciante que no solo transporta los sabores de la temporada para mitigar el calor, sino que ha decidido darle un giro de 180 grados al tradicional negocio del granizado.
Don José Huchim apuesta por la innovación
Mientras la mayoría de los vendedores ambulantes se aferran al clásico "solo efectivo", Don José avanza al ritmo de los nuevos tiempos. Entre los jarabes de sabores y los vasos de plástico, en su unidad reluce un pasajero inesperado, una terminal bancaria.
Te puede interesar:
Para Don José, la tecnología no es un enemigo, sino una aliada. Consciente de que las nuevas generaciones y los ejecutivos que atrapa a su paso ya no suelen cargar monedas en los bolsillos, decidió romper el molde del ecosistema emprendedor informal.
"Ya no hay pretexto para quienes no acostumbran cargar con efectivo", comenta Don José con una sonrisa. "Es más, si no traen tarjeta, hasta les acepto transferencias para que nadie se quede con las ganas de su helada delicia".
Pagos digitales ganan espacio en el comercio ambulante
Aunque confiesa que el método va lento y que apenas un 5% de sus clientes opta por el pago digital, esta innovación ya le salvó el día —y las ganancias— en una ocasión. El dinero electrónico se convirtió en su mejor escudo contra la delincuencia.
"A veces prefiero que me paguen así. La otra vez quisieron asaltarme, pero todo el dinero que traía era electrónico", recuerda, aliviado de que los ladrones se fueran con las manos vacías.
En una ciudad que se debate entre sus profundas tradiciones y el crecimiento acelerado, personajes como Don José Huchim demuestran que la reinvención no es exclusiva de las grandes empresas tecnológicas. A veces, la innovación viaja a bordo de un triciclo, vestida de guayabera o playera ligera, lista para salvarte del calor un raspado a la vez.

