Mundial, oportunidad para la humanidad
No hay fecha que no se cumpla y hoy arranca el Mundial de Futbol FIFA 2026 en México, como sede inaugural, para continuar el viernes en Estados Unidos y Canadá. Entre protestas, clima de inseguridad en varios puntos de nuestro país.
Muchos critican que se haga la justa deportiva, pues hay varios pendientes de los gobiernos de todos los colores, pero para otros es un evento que ayuda a relajar aunque sea por unas horas, en este caso días, esa cruel realidad a la que todos se enfrentan.
Pero aquí cabe retomar lo dicho por el Papa León XIV, quien escribió en sus redes sociales: “Mañana comenzará el Mundial, y muchos estarán atentos a los partidos. El futbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida”. ¿Será?
Lamento mundialista
A un día de que arranque el Mundial de Futbol 2026 y mientras el Gobierno del Estado presume la instalación de pantallas gigantes para transmitir los partidos, madres y padres de familia de la primaria “Rodolfo Menéndez de la Peña” lanzaron una pregunta incómoda: ¿y la luz de la escuela para cuándo?
Durante la protesta realizada ayer, los inconformes denunciaron que sus hijos toman clases sin energía eléctrica ni agua potable, situación que consideran inadmisible ante las altas temperaturas que se registran en Mérida.
Con ironía, algunos padres señalaron que el gobierno sí encontró recursos para el Fan Fest mundialista, cuyo costo, según versiones difundidas, rondaría los 150 millones de pesos.
“Para eso sí hay dinero, pero no para devolverle la luz a la escuela de nuestros hijos”, reclamaron. ¿Será?
Altruismo dormido
El próximo 14 de junio se conmemora el Día Mundial del Donante de Sangre, una fecha que en Yucatán más que una celebración debería ser un llamado urgente a la introspección colectiva. Mientras los bancos de sangre de la región operan bajo una constante zozobra, esperando una solidaridad que rara vez llega por iniciativa propia, la realidad nos confronta: aquí la cultura de la donación sin fines de lucro sigue en pañales, atrapada en el esquema de la urgencia familiar o el intercambio condicionado. Olvidamos, con una ligereza alarmante, que la vida es un péndulo y que el viejo adagio de "hoy por ti, mañana por mí" es la única certeza cuando la salud se quiebra; nadie tiene el destino comprado y un solo donante tiene el poder matemático y humano de salvar hasta tres vidas con un gesto que apenas toma unos minutos.
Ante este panorama, la labor periodística no puede limitarse a registrar la frialdad de las estadísticas o a esperar la efeméride; nos corresponde abonar para sacudir la apatía y recordar que la empatía no es un recurso que se deba racionar. Los hospitales y sus reservas no entienden de calendarios ni de treguas, y la necesidad de tejido vital es una constante silenciosa que ocurre mientras el resto de la ciudad sigue su curso. Convertirse en donante altruista es, en el fondo, firmar un pacto silencioso de reciprocidad social, un acto de profunda madurez comunitaria que demuestra que somos capaces de cuidar de extraños, con la noble esperanza de que, si el día de mañana nos toca estar en esa camilla, alguien más habrá hecho lo mismo por nosotros. ¿Será?

