Cuartoscuro | Especialistas advirtieron sobre el impacto del uso excesivo de dispositivos digitales en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes.

Las adicciones infantiles ya no se limitan al consumo de alcohol o sustancias ilícitas. Especialistas en salud mental advierten que cada vez son más frecuentes los casos relacionados con el uso excesivo de dispositivos electrónicos, videojuegos, redes sociales y otros contenidos digitales que captan la atención de niñas, niños y adolescentes durante largos periodos.

De acuerdo con el terapeuta Joel Balam Estrella, la atención profesional registra un aumento de casos donde ciertas conductas digitales terminan desplazando actividades esenciales para el desarrollo integral de los menores, como el juego presencial, la convivencia familiar, el descanso adecuado y la interacción social.

El especialista explicó que actualmente la dependencia puede manifestarse a través de hábitos cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos dentro del hogar debido a que forman parte de la rutina familiar.

“Antes pensábamos en adicciones únicamente como alcohol o drogas. Hoy vemos dependencia emocional y conductual hacia dispositivos, videojuegos o contenidos digitales que terminan afectando sueño, atención, convivencia y regulación emocional”, indicó.

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Señales de alerta en niñas, niños y adolescentes

Entre los principales indicadores que pueden advertir sobre una problemática relacionada con la dependencia digital, el experto mencionó la irritabilidad cuando se restringe el acceso al teléfono celular o a los videojuegos, así como la pérdida de interés por actividades recreativas fuera de las pantallas.

También destacó cambios en los patrones de sueño, dificultades para mantener la concentración y una búsqueda constante de estímulos digitales como algunas de las señales más frecuentes observadas en consulta.

Balam Estrella señaló que el problema no radica exclusivamente en la tecnología, sino en la falta de acompañamiento, supervisión y establecimiento de límites adecuados por parte de las personas adultas responsables.

No se trata de prohibir completamente. La clave está en acompañar, generar espacios de convivencia y enseñar a niñas y niños a tolerar el aburrimiento y encontrar otras formas de disfrute”, explicó.

Impacto de las recompensas digitales en el desarrollo

El terapeuta también alertó sobre la exposición temprana a contenidos diseñados para mantener la atención mediante mecanismos de recompensa inmediata. Según explicó, estas dinámicas pueden dificultar el desarrollo de habilidades relacionadas con la paciencia, el esfuerzo sostenido y la capacidad de concentración.

La búsqueda constante de gratificación instantánea puede modificar patrones de comportamiento y generar dificultades para que los menores participen en actividades que requieren periodos más prolongados de atención o dedicación.

Los especialistas consideran que el equilibrio entre el uso de herramientas tecnológicas y otras experiencias formativas resulta fundamental para el adecuado desarrollo emocional y social durante la infancia.

Consumo de sustancias preocupa a edades tempranas

Por su parte, el neuropsicólogo Aaron Palomo Euán advirtió que el consumo de sustancias también comienza cada vez a edades más tempranas. Según explicó, el primer contacto con sustancias ilegales suele registrarse entre los 12 y los 17 años, una etapa especialmente sensible para el desarrollo neurológico.

El especialista recordó que las estructuras más complejas del encéfalo continúan su proceso de maduración hasta aproximadamente los 30 años de edad, por lo que cualquier alteración durante etapas previas puede generar consecuencias importantes.

En esta etapa crítica, el cerebro está en un proceso de maduración, particularmente en las áreas encargadas de la personalidad, el juicio, la toma de decisiones, el control de impulsos y el aprendizaje. Cualquier sustancia que interfiera puede dejar secuelas duraderas”, comentó.

Palomo Euán explicó que el abuso de drogas durante la adolescencia puede afectar el funcionamiento de los neurotransmisores, células especializadas que participan en la regulación del comportamiento, el estado de ánimo y diversos procesos mentales.

Esta alteración, añadió, puede derivar en cambios significativos de personalidad y favorecer el desarrollo de diversos trastornos emocionales que impactan la vida académica, familiar y social de los menores.