O le entran o le entran

Con un mensaje directo, el fiscal general Juan Manuel León León aseguró ante el Congreso de Yucatán que la transformación de la Fiscalía ya está en marcha y no dará marcha atrás.

Al comparecer ante la LXIV Legislatura, el titular de la FGE subrayó el cambio de modelo: dejar la atención pasiva y llevar al Ministerio Público a los municipios mediante audiencias públicas, con seguimiento cercano a cada caso. “Una carpeta no es un número, es una historia”, insistió.

En resultados, reportó un avance del 64% en el abatimiento del rezago de expedientes, más de 66,900 casos iniciados en 2025 y niveles de efectividad superiores al 90% tanto en vinculaciones a proceso como en sentencias. A ello sumó la recuperación de 160.2 millones de pesos para víctimas a través de acuerdos reparatorios y la atención de más de 400,000 personas en el último año.

También destacó la modernización de instalaciones y el fortalecimiento tecnológico en áreas forenses, como parte de una estrategia para mejorar la investigación y la atención ciudadana.

Entre los anuncios, adelantó la creación de un Comité de Participación Ciudadana y la extensión de audiencias en municipios sin agencias, comenzando en Peto. Eso sí, dejó un mensaje interno claro: quien no se adapte al nuevo modelo, no tiene cabida en la institución. ¿Será?

Exigen luz

Se prendió el enojo ante un apagón de energía eléctrica en el municipio de Dzidzantún (corrección de nombre), donde los pobladores cerraron una carretera para exigir que las autoridades y la CFE les resolvieran el problema.

Y no es para menos; la gente se mostró muy molesta, pues afirman que cada bimestre pagan su servicio a tiempo (porque, de lo contrario, los amagan con el corte), por lo que ahora ellos exigen la misma respuesta.

Esto es una muestra de la necesidad de contar con más instalaciones de generación de luz, pues, como cada año en las épocas de calor, esta situación se presenta. ¿Será?

Futuro incierto

A punto de cumplirse siete meses de la huelga en el Nacional Monte de Piedad, el conflicto ha dejado de ser una simple pugna laboral para convertirse en una encrucijada social que hoy asfixia a miles de familias en Yucatán. Si bien la huelga es un pilar irrenunciable de los derechos conquistados por la clase obrera, resulta doloroso observar cómo el pignorante —aquel que en un momento de apremio entregó su patrimonio con la esperanza de un respiro— ha quedado atrapado en un “fuego cruzado” que lo condena a la incertidumbre.

Hoy, quienes solían acudir a esta institución centenaria como un salvavidas económico, se ven obligados a refrendar a distancia, alimentando con un dinero que ya no sobra en casa un sistema que mantiene sus prendas bajo llave, sin una fecha clara de retorno.

Esta parálisis institucional ha transformado al usuario en un “pignorante” (corrección semántica, ya que "ignorante" cambia el sentido) forzado de su propio destino financiero, evidenciando que, en las grandes disputas de poder, siempre es el eslabón más vulnerable quien paga los platos rotos.

La mesa de diálogo pactada para este 11 de mayo no es solo un trámite administrativo; es la última esperanza de justicia para quienes no buscan privilegios, sino simplemente recuperar la certeza sobre lo que les pertenece. Urge que ambas partes miren más allá del pliego petitorio y entiendan que, cada día que pasa sin solución, se erosiona la estabilidad de los hogares que alguna vez confiaron en el Monte como su refugio más seguro. ¿Será?