Por Renata Marrufo Montañez

Existe una narrativa persistente, casi inamovible, que insiste en que México es un país que no lee. Las estadísticas suelen utilizarse como armas de pesimismo, dibujando un panorama gris donde los libros son objetos decorativos y el interés por las letras se desvanece ante la inmediatez digital. 

Sin embargo, la realidad en las calles, bibliotecas y centros culturales de Yucatán y, estoy segura, de todo el país cuenta una historia distinta. La lectura no solo sobrevive; se transforma, se colectiviza y florece en todos los sectores sociales y rangos de edad.

La reciente cartelera de actividades con motivo del Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor es la prueba irrefutable de este dinamismo. 

A continuación, comentamos algunos eventos destacados de los muchos de esta jornada que demuestra que, en Yucatán, la palabra escrita sigue siendo un motor de cambio.

La jornada más robusta se centró en la Biblioteca Central Estatal "Manuel Cepeda Peraza" este jueves 23 de abril. Es digno de destacar el taller de lengua maya "Palabra Escrita / Ts’íiba’an T’aan", impartido por el Dr. Fidencio Briceño Chel. Este enfoque es vital: leer en Yucatán es también reconocer la raíz. Además, el impulso al mercado editorial local con la venta de sellos como Kóokay, Esdrújula y EG Editorial demuestra que hay una industria regional viva que no depende de las grandes transnacionales.

Contrario al estigma de que la juventud es apática a las letras, la Escuela Preparatoria Dos de la UADY diseñó un programa el miércoles 22 que vinculó la literatura con la sanación y la identidad. 

Destacó el taller "Palabras que sanan: escritura de las emociones", que posiciona al libro no como una carga académica, sino como una herramienta de introspección necesaria para los jóvenes de hoy, y la presentación de la Revista Navegaciones Zur, del Centro Yucateco de Escritores.

La lectura también se celebró desde la interdisciplina. En Le Cirque Galería de Arte, el evento "Letras, Memorias y Escena" fusionó las artes escénicas con la literatura, rindiendo un homenaje póstumo al escritor Pedro Juan de la Portilla. Este cruce de lenguajes atrajo ayer jueves a un público diverso que busca en la palabra una extensión de otras expresiones artísticas.

Un hito fundamental es la inauguración de la Librería BaDú en el barrio de San Sebastián. En un contexto donde las librerías físicas parecen amenazadas, la apertura hoy por la noche de un espacio dedicado a la literatura local y a revistas como Navegaciones Zur es un acto de valentía cultural. Esto prueba que hay una demanda real de espacios de encuentro literario.

Quizás el ejemplo más conmovedor de que el hábito lector no conoce fronteras sociales se vivió el miércoles en Chichimilá. En la Escuela Primaria Lázaro Cárdenas, el "Festival de Talentos" y la presencia de la reconocida escritora Margarita Robleda demuestran que el libro es un motor de cambio social en las comunidades rurales. 

Finalmente, es imposible ignorar la fuerza de las mujeres en este ecosistema. Desde el webinar de la Revista Petra con la directora de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), María Teresa Mézquita Méndez, hasta la participación del colectivo Jach Yucatecas en diversos foros, la narrativa femenina está marcando el ritmo actual. Esta energía local trasciende fronteras, como se verá en el homenaje "De México a Colombia" este domingo 26 de abril en la Feria Virtual del Libro de dicho país, por Facebook Live.

Definitivamente, el panorama literario en Yucatán es de todo menos pesimista. Hay una vibración constante, una necesidad de escribir y, sobre todo, una voluntad inquebrantable de leer que atraviesa todas nuestras realidades.