Materia y espacio público: El salto tridimensional de Víctor Argáez

Por Renata Marrufo Montañez

El tintineo de las tazas y el murmullo de los pasos junto a las mesas del legendario café ubicado a un costado del Pasaje Picheta marcan nuestro encuentro.

Frente a mí, con la mirada de quien convierte el insomnio en creatividad, se encuentra el artista Víctor Argáez. Lleva días caminando el Centro Histórico con una obsesión: mudar sus personajes cotidianos del lienzo bidimensional al ruidoso y vivo espacio público.

El motivo es algo que lo tiene muy entusiasmado: el proyecto municipal “Mérida, Enchula con arte y cultura”, presentado por la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada ante la sociedad civil, que busca transformar parques y andadores en galerías vivas.

En esta iniciativa, que cobija a creadores como José Huchim, William Gáber y Amador Montes, Argáez asume el reto de la tridimensionalidad monumental como unas necesarias “vacaciones creativas” tras más de tres décadas de trayectoria pictórica.

“Llevo más de diez días sin dormir, creando en mi taller con todo tipo de material”, me confiesa.

“El contacto con la obra empieza en la materia. Quizá la idea ya habita en uno, pero la materia hay que buscarla”.

Desde las seis de la mañana, recorre las calles para estudiar la escala peatonal.

Para el creador nacido en Buctzotz, la escultura exige menos dibujo previo y más acción directa.

Su propuesta monumental, El Amor, busca plasmar su inconfundible identidad popular, aquella que retrata a mujeres de huipil, niños y trabajadores, en figuras de escala humana (de 1.80 a 2.50 metros).

El artista visualiza a sus personajes saliendo del Mercado San Benito, caminando hacia la Plaza Grande y sentándose en los andadores.

Por ello, estudia las bancas de San Juan, el parque Eligio Ancona y la Plaza Grande; madura la idea de plasmar una familia compartiendo el asiento público.

Apoyado por un equipo de herreros, carpinteros y albañiles, el artista se prepara para entregar maquetas en 30 días y la pieza máster en 90 días.

Su fundición, en concreto de alta resistencia o bronce, dependerá del patrocinio privado que respaldará la donación de la obra.

“Mis pinturas van a cobrar volumen para interactuar con el transeúnte”, afirma el artista, quien no es novato en la escultura, pues ya tiene varios trabajos realizados a lo largo de los años.

En un entorno donde a menudo el arte se politiza, enfatiza que su proyecto carece de tintes partidistas:

“Yo soy un tipo que no tiene ni busca conexiones políticas”.

Su mirada está en la trascendencia, el valor histórico y la corresponsabilidad ciudadana para preservar las piezas.

La apuesta de Argáez va más allá de lo estético: propone un corredor escultórico permanente y regulado bajo un esquema mixto.

Además, se compromete a encabezar talleres para la juventud creadora de Yucatán.

El maestro invita a dar un voto de confianza y sumarse a esta visión, recordando que el arte verdadero no se queda en la solemnidad de un museo, sino que sale al encuentro cotidiano en las calles.