Profepa | Pie de foto 1: Autoridades ambientales mantienen acciones de vigilancia y seguimiento sobre actividades agroindustriales en Yucatán.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) mantiene una vigilancia permanente en el territorio yucateco ante la expansión de los monocultivos masivos impulsados principalmente por comunidades menonitas.

Las autoridades federales alertan que este modelo agroindustrial provoca afectaciones fitosanitarias, erosiona los suelos y compromete la biodiversidad, a diferencia de prácticas tradicionales como la milpa maya, reconocida por su sostenibilidad.

El delegado de la SEMARNAT en Yucatán, Guillermo Porras Quevedo, explicó que la principal preocupación radica en el impacto acumulado que estas actividades generan sobre los ecosistemas. Además, señaló que algunas labores agrícolas se desarrollan sin contar con las autorizaciones correspondientes para el cambio de uso de suelo, situación que incrementa los riesgos ambientales en distintas regiones del estado.

El funcionario detalló que la dependencia mantiene un monitoreo constante para evaluar las consecuencias derivadas del uso intensivo de pesticidas y otras prácticas agroindustriales.

El problema que nos representa esta cuestión de los monocultivos con los menonitas es el impacto que ha generado, incluso realizando actividades sin la autorización debida para los cambios de uso de suelo, además de las afectaciones por los pesticidas que utilizan. Se está trabajando dándoles un seguimiento muy puntual", indicó.

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PROFEPA incrementa acciones contra daños ambientales

Porras Quevedo precisó que la SEMARNAT no actúa como una instancia persecutoria, sino como una autoridad reguladora cuyo propósito consiste en acompañar y supervisar las actividades productivas para preservar el equilibrio ecológico y la riqueza natural del suelo yucateco.

Por su parte, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), facultada para clausurar predios por el uso irregular o ilegal del suelo, reportó un incremento considerable en sus intervenciones federales durante este año. De acuerdo con su informe más reciente, correspondiente al periodo de enero a mayo, la dependencia ejecutó 24 acciones punitivas en Yucatán.

Estas medidas incluyeron sanciones económicas, clausuras totales y órdenes de reparación del daño ambiental. La cifra representa un aumento de 16 acciones adicionales respecto al mismo periodo del año anterior, reflejando una mayor actividad de vigilancia y aplicación de la normatividad ambiental en la entidad.

Especialistas alertan sobre el impacto en el suelo

El biólogo y fundador de la asociación civil Va por la Tierra, Salvador Castell González, recordó que la diversidad biológica constituye el principal indicador de la salud de un ecosistema terrestre. El especialista advirtió que concentrar grandes extensiones en una sola especie genera desequilibrios que afectan la funcionalidad natural de los suelos.

"Si colocamos muchos ejemplares, pero de una sola especie, cometemos un error ecológico. Incluso en una reforestación, si se siembran únicamente pinos o cedros, en vez de ayudar al medio ambiente lo estamos perjudicando", expuso.

Asimismo, señaló que los monocultivos requieren un "manejo mucho más agresivo" mediante agroquímicos, sustancias que eventualmente se infiltran y contaminan el acuífero subterráneo.

El experto añadió que un terreno severamente impactado por estas prácticas puede requerir entre 20 y 50 años para recuperarse de manera natural. Sin embargo, mediante técnicas científicas de restauración de ecosistemas, este periodo puede reducirse hasta un promedio de siete años.

Milpa maya y chinampas, alternativas sostenibles

Frente al deterioro asociado a los modelos agroindustriales, Salvador Castell González destacó que los sistemas policulturales prehispánicos representan una alternativa viable para conservar la fertilidad del suelo. Entre ellos sobresalen las chinampas del centro del país y la milpa maya desarrollada en la Península de Yucatán.

Ambos sistemas cuentan con reconocimiento oficial de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como Patrimonio Mundial Alimentario, debido a su contribución a la seguridad alimentaria y a la conservación de la biodiversidad.

A diferencia del monocultivo, estos métodos tradicionales promueven la siembra simultánea de diversas especies, como el maíz, frijol y calabaza, conocida como la tríada mesoamericana. Esta interacción favorece una simbiosis natural que nutre el suelo, fortalece la biodiversidad y contribuye a garantizar la fertilidad a largo plazo en el territorio maya.