Esta semana será crucial no solo para la movilidad en la capital sino para la gobernabilidad en el país.

A cuatro días del inicio del campeonato de futbol más importante del mundo, el país ofrece una imagen de ingobernabilidad con inconvenientes tanto para México como para los organizadores del torneo y los eventuales visitantes.

El Gobierno federal (porque el de la CDMX se ha lavado sospechosamente las manos), tiene la nada fácil encomienda de desactivar la bomba de tiempo que significan las amenazas de la CNTE, principalmente, de transportistas, de madres buscadoras, de campesinos y ahora de trabajadores del gobierno capitalino, de boicotear la inauguración del evento en el que todo el mundo tendrá puestos los ojos.

La CNTE, convertida en maestra del chantaje, rechazó la propuesta del Gobierno federal de crearles una aseguradora a modo para el manejo de las pensiones y la eliminación de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM), una dirección creada para la evaluación y promoción magisterial.

El gobierno no puede ceder a las demandas de la CNTE, por dos razones: una, fundamental, porque no hay recursos que alcancen para pagar el derecho de piso que está cobrando y la segunda, porque fijará un antecedente muy peligroso que cualquier otra organización podría replicar.

La CNTE, en cada movilización que realiza, se lleva algo del gobierno: desde prebendas políticas hasta grandes bolsas de recursos que nadie sabe en qué se aplican.

No sería esta la excepción.

¿Qué hará el gobierno para desactivar esa bomba? ¿Ceder, una vez más a pesar de las finanzas de cristal que tiene el país o pactar una tregua que tendría un costo monetario también altísimo?

No es una decisión sencilla, al gobierno le queda poco tiempo para evitar que México no sea noticia por una vistosa inauguración sino porque los aficionados no pudieron llegar al estadio, aunque hayan viajado desde Sudáfrica.

Se trata de un problema de gobernabilidad, ya no de movilidad porque esa ha estado secuestrada desde hace años por grupos (del color que sean) no importa que sean diez o diez mil, pero que ya saben dónde apretar para que el gobierno atienda sus exigencias.

No se pide que los repriman, solo que el gobierno deje ver que hay orden y el país no está a la deriva.

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La realidad le ha propinado un frentazo a la muy optimista Gabriela Cuevas, que hace unos meses adelantó que México se preparaba para recibir ¡a cinco millones de visitantes!

La declaración de la representante del Gobierno mexicano en el Comité Organizador del evento, fue una exageración que ahora se ve con nitidez.

Para poner en contexto lo exagerado de la expectativa, aquí algunos números.

Doha, la capital de Qatar, sede del campeonato Mundial de Futbol del 2022, recibió, durante todo el torneo, 1.4 millones de visitantes.

Es decir, que para presenciar los 64 encuentros del evento, acudieron a Doha, 1.4 millones de visitantes extranjeros (entre ellos casi 26,000 mexicanos).

México sólo tendrá 13 de los 104 partidos de los que constará el torneo.

¿De dónde sacó Cuevas que vendrían cinco millones?

Quizá por eso la jefa de gobierno de la capital, Clara Brugada, no le echó ganitas a las obras que debió haber tenido listas hace meses y que inaugura a medias (o menos), como el llamado parque elevado, que lo único de elevado que tuvo fue su inmenso presupuesto.

Qué pena con las visitas.

    @adriantrejo