Guillermo Castillo | El artesano Salvador Canul mantiene viva la fabricación de escobas y herramientas de madera en Mérida.

En el corazón de Chuburná de Hidalgo, donde el rugido de la maquinaria pesada y el brillo de las nuevas privadas de lujo parecen devorarlo todo, sobrevive un hombre que todavía huele a monte y a madera fresca. Se trata de don Salvador Canul, un artesano oriundo de Samahil que, a sus 64 años, se resiste a dejar morir un oficio que hoy parece un acto de rebeldía: la fabricación tradicional de escobas, horquetas y bajadores de fruta.

Don Salvador no es solo un vecino más; es la memoria viva de una Mérida que se está quedando sin selva. Llegó a esta colonia a los 16 años por amor, para casarse, y fue bajo la tutela de su suegro donde aprendió el arte de transformar la naturaleza en herramientas de limpieza.

Durante más de medio siglo, esas escobas de fibras naturales fueron el sustento que puso comida en la mesa y educación en los cuadernos de sus hijos. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente desde aquellos días en que el material estaba "a la vuelta de la esquina".

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Hoy, la expansión inmobiliaria y la creciente plusvalía de la zona norte han cercado su labor. Donde antes había senderos de tierra y monte bajo, hoy se levantan muros de concreto y condominios.

"Ahora hay que alejarse. Tengo que ir hasta Temozón Norte, pegado al Periférico, para buscar el huaxin, que es la mejor madera para las escobas. Pero es peligroso; los coches pasan muy rápido y ya está muy transitado", comenta don Salvador mientras acomoda su fiel triciclo, el vehículo que lo acompaña en sus jornadas de "leñar" entre el tráfico pesado.

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El desafío no es solo físico, sino cultural. Don Salvador compite contra una industria que inunda los supermercados con productos de plástico de colores brillantes. A pesar de que las nuevas generaciones parecen preferir lo sintético, él defiende con orgullo su producto: una escoba artesanal de 80 pesos o una horqueta de tres metros que oscila entre los 100 y 120 pesos. Para él, no hay comparación posible; lo natural siempre será superior por su resistencia y su armonía con el entorno.

Guillermo Castillo | Con más de 50 años de experiencia, don Salvador fabrica horquetas y bajadores de fruta de forma tradicional.

Con sus manos curtidas por el tiempo y el uso de clavos, cuerdas y alambre para fabricar los "bajadores" de fruta —esos ingeniosos dispositivos con bolsa de tela para alcanzar el botín de los árboles—, don Salvador no espera a que los clientes lleguen a su puerta. Con el ánimo intacto, pedalea su triciclo recorriendo los cuatro puntos cardinales de Mérida, ofreciendo un pedazo de tradición en cada esquina.

En un mundo que corre hacia lo digital y lo desechable, la figura de don Salvador Canul en Chuburná de Hidalgo es un recordatorio de que la dignidad de un oficio reside en la constancia. Mientras haya un árbol de huaxin en pie y un artesano dispuesto a buscarlo, la esencia de la auténtica limpieza yucateca seguirá barriendo, paso a paso, el olvido.