Guillermo Castillo | El personal de la tortillería La Modestita enfrenta temperaturas de hasta 60 grados para mantener la producción diaria en el barrio de Chuburná.

Edwin Tzakum Canché relata cómo la tortillería La Modestita en Mérida sobrevive a jornadas de 60 grados. Con 50 años de historia, este negocio en Chuburná lucha por preservar la tradición frente al calor extremo.

En el corazón del tradicional barrio de Chuburná, la tortillería La Modestita opera bajo condiciones que desafían la resistencia física. Edwin lidera este establecimiento donde el calor no se limita a una cifra, sino que se respira en cada rincón.

Mientras el termómetro exterior marca los 40 grados, la maquinaria industrial eleva la temperatura interna del local hasta los 60 grados centígrados. Edwin realiza su jornada laboral con una agilidad que ignora el cansancio acumulado por el bochorno. La sensación térmica de 50 grados en las calles de la capital yucateca palidece ante el fuego del metal que nunca descansa.

El esfuerzo físico en este expendio de masa y tortilla demanda una preparación mental rigurosa frente al sol de mayo. La familia propietaria gestiona el negocio con la convicción de quienes conocen el peso de la historia barrial. Cada bulto de harina y cada kilo de masa hirviente representan un pulso constante contra las leyes de la física y el clima.

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Historia y evolución de la tortillería en Chuburná

La Modestita representa un testamento vivo de la evolución urbana y social de Mérida tras alcanzar su tercera generación. Edwin recuerda que el establecimiento transita por su quincuagésimo aniversario de servicio a la comunidad. Lo que hoy funciona con un rugido de engranes, inició hace 50 años como un murmullo de manos trabajadoras.

En sus orígenes, el molino carecía de la tecnología automatizada que caracteriza a la industria moderna en 2026. Edwin relata con nostalgia el proceso artesanal de sus antecesores: "Este molino empezó vendiendo tortillas hechas a mano porque no había llegado la maquinaria; nos platican que había de tres a cuatro señoras que se dedicaban a tortear".

El paso del tiempo también modificó los hábitos de consumo de los habitantes del sector. Antiguamente, los clientes acudían a las 4:30 de la mañana para moler el nixtamal de manera personal. Actualmente, el personal levanta la cortina a las 6:00 am, adaptándose a los cambios sociales que dejó la pandemia en el comercio local.

Estrategias de supervivencia ante el calor extremo

Laborar a 60 grados centígrados exige tácticas de hidratación sumamente específicas para evitar complicaciones de salud. El agua simple resulta insuficiente para reponer los electrolitos que el cuerpo pierde bajo el calor extremo. Edwin confiesa que el equipo humano recurre a soluciones caseras para mantener la energía necesaria durante la producción.

El encargado utiliza una mezcla de agua mineral con limón y una pizca de sal para fabricar un suero efectivo. Asimismo, consume refrescos fríos para recuperar los niveles de azúcar que el sudor arrebata constantemente al organismo. Respecto a la ingesta masiva de líquidos, el trabajador admite lo siguiente: "Tomamos tanta agua que en algún momento harta".

La severidad del oficio provoca que muchos empleados nuevos no resistan ni una jornada completa de trabajo. El riesgo de sufrir un golpe de calor aleja a los jóvenes que buscan empleo en la industria de la masa y la tortilla. Sin embargo, Edwin asegura que el cuerpo desarrolla una especie de inmunidad natural tras años de repetición diaria frente al fuego.

Preservación de la tradición en las nuevas generaciones

La mayor preocupación no radica en las temperaturas extremas, sino en la pérdida de las costumbres locales. El propietario observa que sus clientes más fieles pertenecen al sector de los adultos mayores. Las nuevas generaciones de Mérida parecen olvidar el camino hacia los molinos tradicionales de sus colonias.

El negocio de Chuburná continúa ganándole la partida al fuego cada mañana desde hace medio siglo. El sudor en la frente de los trabajadores simboliza la perseverancia de un oficio que alimenta a miles de familias. La tortillería sigue en pie como un pilar fundamental de la identidad y el sabor de la capital yucateca.