Por ahora no hay ánimo de invasión.

No la necesitan Donald Trump y la justicia estadounidense.

Por ahora la intención es simple y llanamente escalonar la difusión de investigaciones sobre narcopolíticos mexicanos bajo sospecha.

Es decir, la estrategia se inició con la solicitud de detenciones con fines de extradición usada contra el gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya y nueve más.

Defenestrado es un eufemismo, pues pese a la pregonada soberanía bastaron los señalamientos del Departamento de Justicia de Estados Unidos para chisparlo.

A él y al alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez -Miriam Ramos ocupa su lugar-, en espera de decidirse la suerte de los otros ocho inculpados, incluido el senador Enrique Inzunza.

El legislador ya empieza a pagar parte de su culpa, pues con la salida de Rocha Moya pierde a su principal promotor para ser gobernador morenista en 2027.

Mal se verían Palacio Nacional y Morena si lo postularan y peor los ciudadanos sinaloenses si votaran por él como fueron forzados a hacerlo por Rocha Moya en 2021.

LICENCIA CONCEDIDA

Las licencias no acaban con los riesgos.

En consultas con políticos y juristas de México, así como diplomáticos de Estados Unidos, es previsible plantear diversos escenarios y ninguno de ellos habla de hacer operativos.

Inclusive aportan un dato: hay negociaciones de gobierno a gobierno con la pretensión mexicana de evitar o atenuar los golpes contra la administración de Claudia Sheinbaum y el movimiento de López Obrador.

El primer resultado de ese intercambio de opiniones habría sido forzar la salida de Rubén Rocha Moya -temporal, dice él, mientras se le investiga- y del alcalde Juan de Dios Gámez porque ninguno quería irse.

Lo previsible, en espera de más arreglos, es conocer nuevos nombres de políticos en el poder muy ligados a distintos grupos criminales, huachicol en el noreste, La Barredora en el sur, narcotráfico en el corredor del Pacífico y corrupción generalizada.

Serán señalamientos muy puntuales y cada vez más intensos si Donald Trump necesita reforzar su alicaída popularidad rumbo a las elecciones de media administración en noviembre próximo.

¿Y EL EMBAJADOR?

1.- Pulso adicional será la sustitución de Esteban Moctezuma.

Si Washington aprueba con prontitud como embajador a Roberto Lazzeri, como lo propuso Claudia Sheinbaum, las relaciones bilaterales seguirán su rumbo.

De lo contrario, si retrasara el placet o lo negara, sería un damnificado con severas repercusiones en las negociaciones para el tratado trilateral entre México, Estados Unidos y Canadá.

Lo normal, comentan en la embajada estadounidense para reflejar el nivel de las relaciones binacionales, sería un par de semanas y no más de dos meses.

Y 2.- En contraparte, hay un beneficio.

Al menos temporalmente se ha fortalecido la posición del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, cabeza mexicana de las negociaciones del T-MEC.

Él mantiene las puertas abiertas en los despachos de Washington y, no olvidemos, como canciller fue el negociador clave para liberar y regresar al país al general Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa Nacional.

     @urenajose1