Cuartoscuro | La Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán analiza las condiciones actuales de la protesta pública en la entidad.

Un nuevo informe de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (Codhey) advierte que, aunque el derecho a la protesta está reconocido formalmente, en la práctica enfrenta obstáculos estructurales, uso de la fuerza y procesos de criminalización, especialmente contra mujeres y comunidades mayas.

El documento, titulado "El derecho a la protesta en Yucatán: desigualdades, resistencias y disputas por el espacio público", identifica que este derecho no se ejerce en condiciones de igualdad, sino atravesado por factores como el racismo, el patriarcado y el clasismo.

Entre los hallazgos más relevantes, la Codhey documenta patrones persistentes de uso desproporcionado de la fuerza, vigilancia y discursos estigmatizantes contra personas manifestantes.

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Derechos humanos y el panorama de la manifestación en Yucatán

El informe recuerda que en Yucatán se han registrado, desde 2016, casos de represión policial, detenciones arbitrarias y criminalización de protestas pacíficas, incluyendo episodios como el uso de chorros de agua contra manifestantes del 8 de marzo.

Además, advierte que existe un trato diferenciado según quién protesta y qué exige, lo que impacta directamente en la legitimidad social e institucional de las movilizaciones.

El análisis pone énfasis en las movilizaciones feministas, donde se identifican mayores riesgos de violencia, presencia policial intimidatoria y narrativas que deslegitiman sus demandas.

Incluso, señala que en redes sociales y medios de comunicación predominan discursos que califican estas protestas como "vandalismo", desviando la atención de las causas de fondo.

Movilizaciones feministas y protestas socioambientales

Otro foco son las protestas socioambientales, encabezadas en su mayoría por comunidades mayas, donde el informe detecta desigualdad en la atención institucional y respuestas tardías.

Las principales tensiones están relacionadas con el derecho al agua, la expansión de granjas porcícolas y proyectos industriales, que han detonado movilizaciones ante la falta de consulta y participación efectiva.

La Codhey concluye que el derecho a la protesta en Yucatán vive una tensión constante entre su reconocimiento legal y su ejercicio real, condicionado por estructuras de poder y prejuicios sociales.

"El derecho está ahí, pero solo si lo haces a su modo", recoge el informe a partir de testimonios de participantes en marchas.

Ante este panorama, el organismo plantea la necesidad de fortalecer políticas públicas, eliminar prácticas de represión y garantizar condiciones seguras y sin discriminación, para que la protesta sea plenamente reconocida como una herramienta legítima de participación democrática.