En un acto cargado de simbolismo y fe, el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, conmemoró este Jueves Santo sus 11 años de servicio pastoral en la entidad de una manera cercana a la periferia social: oficiando la misa del Lavatorio de pies o institución de la eucaristía en el Centro de Reinserción Social (CERESO) de Mérida.
El momento culminante de la liturgia fue el lavado de pies, donde el prelado, de rodillas, emuló el gesto de humildad de Jesús. En esta ocasión, fueron 12 Personas Privadas de su Libertad (PPL) quienes representaron a los apóstoles; un grupo inclusivo conformado por seis mujeres y seis hombres, quienes recibieron el mensaje de servicio con visible emoción.
Durante la homilía, Mons. Rodríguez Vega recordó a los presentes que la institución de la Eucaristía no es solo un rito, sino un mandato de amor al prójimo.
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"Jesús nos enseñó que el mayor debe ser el que sirve", enfatizó el líder religioso, subrayando que incluso en el contexto del encierro, la dignidad humana y la capacidad de servir a los demás permanecen intactas.
La ceremonia no solo fue un acto al cual se le invitó a los medios de comunicación y autoridades de este lugar, sino un encuentro comunitario. La población del centro de detención estuvo acompañada por sus familias y seres queridos, permitiendo que el rito religioso se convirtiera en un espacio de unión y esperanza en medio de sus procesos de reinserción.
Con esta celebración, el Arzobispo reafirmó su compromiso de llevar el mensaje de la Iglesia a todos los rincones del estado, recordando que la pasión de Cristo también encuentra eco en aquellos que buscan una segunda oportunidad.

