No más violencia
La violencia es violencia en cualquier sitio e intensidad. En redes sociales se difundió un video donde trabajadores de recolección de basura atropellan a un perro con su pesado camión, en Tekantó.
Si de por sí la imagen es desgarradora al ver al animal retorcerse de dolor, lo que dio rabia a cientos de personas que se indignaron por el hecho fue cuando uno de los desalmados bajó de la unidad y se dirigió hacia el can; se pensaría que para ayudar, pero no, fue para continuar la agresión con una patada.
Aquí cabe señalar dos cosas: por una parte, el grado de descomposición humana que puede experimentar un sujeto que, sin miramientos, lastima de muerte a un ser vivo; y la otra, no menos importante, el papel de la autoridad, que en este caso no se ha pronunciado, pero en el momento en que lo haga y atraiga el caso, es su deber jurídico y moral hacer todo lo posible para que los desalmados paguen por lo que hicieron. ¿Será?
Errores y verdades
En la fotografía, un mal encuadre puede cambiar toda la escena, y eso puede ocurrir también en la política. Eso le ocurrió a la diputada panista Ana Cristina Polanco Bautista, quien utilizó una imagen falsa para criticar la presencia del gusano barrenador en Yucatán y terminó por reconocer el desliz tras ser evidenciada.
“Utilizar una imagen ilustrativa sin aclararlo fue un error. Lo asumo”, escribió en redes sociales, en un intento por cerrar el capítulo visual y reabrir el de fondo.
Y es que, más allá del tropiezo, la legisladora insistió en que el problema es real: la presencia del gusano barrenador del ganado ya suma casos documentados, productores afectados e incluso —afirmó— una persona fallecida.
Desde el Congreso, Polanco Bautista señaló que impulsó la creación de una Comisión Especial de Seguimiento para atender la situación en territorio y evaluar la respuesta institucional. “En salud, llegar tarde no es una opción”, sentenció.
También lanzó un llamado al Gobierno estatal para reforzar acciones: más presencia, mayor difusión de información y cobertura en comunidades. “Este no es momento de distraernos”, advirtió.
Así, entre la polémica por la imagen y la urgencia sanitaria, el gusano barrenador volvió a colarse en la agenda pública; esta vez, con filtro político incluido. ¿Será?
Prevención obligatoria
El inusual aliento de la "heladez" que aún acaricia nuestras mañanas parece un regalo de despedida, una breve pausa antes de que el calendario nos cobre la factura climática de la primavera. Sin embargo, tras este alivio térmico acecha lo inevitable: ese sol implacable que no solo transforma el paisaje en un escenario vulnerable a los incendios forestales, sino que pone a prueba la resistencia física de propios y extraños.
En vísperas de la Semana Santa, el riesgo se traslada a las calles y playas, donde el golpe de calor aguarda silencioso. Para el turista que desconoce la intensidad del astro rey, la hospitalidad yucateca debe comenzar con una advertencia honesta, pues la belleza de nuestras tierras suele venir acompañada de un rigor ambiental que no perdona descuidos.
Ante la inminente canícula, la prevención deja de ser un consejo para convertirse en un acto de responsabilidad civil y personal. No se trata únicamente de vigilar los montes para evitar el desastre ecológico, sino de anticiparnos al colapso de nuestra propia salud antes de cruzar el umbral de casa.
La hidratación y la prudencia bajo el sol son las mejores herramientas de un anfitrión consciente y de un ciudadano precavido. Si queremos disfrutar de un periodo vacacional que deje solo buenos recuerdos, debemos entender que la naturaleza cambia sus reglas y que nuestra única defensa real es la conciencia. El frescor se despide, y lo que viene después nos exige estar, más que nunca, alertas y bien preparados. ¿Será?

