Miguel Martínez | El médico Humberto López García supervisa la condición física de las jugadoras durante el Mérida Open WTA 500.

A veces, entre el estruendo de los saques a más de 180 km/h y el aplauso rítmico de la tribuna en el Mérida Open WTA 500, Humberto López García se detiene un segundo y observa el panorama. Han pasado cinco años desde que comenzó a caminar por los pasillos del tenis de élite, pero la sensación de asombro no se desvanece.

Originario de Guadalajara y especialista en medicina aplicada al deporte, Humberto es hoy uno de los pilares invisibles que sostienen el espectáculo: es el hombre que repara los cuerpos de las mejores tenistas del mundo. Para López García, estar en Mérida no es solo un compromiso laboral; es “una de las experiencias más bonitas” de su vida.

No es para menos. Bajo su estetoscopio y sus manos pasan las esperanzas de atletas que viven al límite de la capacidad humana. Su misión es clara pero compleja: lograr que cada jugadora alcance su rendimiento óptimo en un ecosistema donde el cuerpo es, a la vez, el motor y la herramienta más frágil.

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El médico tapatío es enfático al desmitificar la idea de que el éxito depende solo de un golpe de derecha o un revés cruzado. El tenis moderno es una maquinaria multidisciplinaria. “Todos trabajamos de la mano”, explica para 24 HORAS. No es un esfuerzo aislado; es una coreografía entre la medicina, la nutrición y el acompañamiento psicológico.

La labor médica detrás del rendimiento en el tenis profesional

Para entender a estas atletas, el equipo médico de la WTA se somete a capacitaciones constantes, no solo para curar, sino para comprender la psicología de la alta competencia y ofrecer un trato humano que esté a la altura de su exigencia física. En este lustro de trayectoria, Humberto ha visto de todo.

En el catálogo de lesiones, las más “benignas” son las distensiones musculares, ese recordatorio constante de que el calendario del tour no da tregua semana tras semana. Sin embargo, el diagnóstico puede oscurecerse rápidamente: esguinces, tendinopatías y el desgaste crónico acechan en cada set.

Miguel Martínez | La atención médica especializada en el Mérida Open WTA 500 se adapta a las exigencias climáticas y técnicas particulares de la sede yucateca para proteger la integridad de las tenistas.

Pero hay algo que define la garra de estas tenistas. López García relata con asombro cómo la adrenalina y el compromiso profesional llevan a algunas jugadoras a extremos inverosímiles. “He visto jugadoras que lo dan todo y terminan sus partidos incluso con dedos fracturados”, confiesa el médico.

Esto deja claro que en la cancha dura de Mérida, el dolor es un rival más al que hay que vencer. El torneo de la capital yucateca presenta retos particulares. Mientras el Frente Frío número 37 dio un respiro momentáneo en los primeros días, los modelos matemáticos no mienten: el calor extremo está por volver.

Riesgos físicos y climáticos en la competencia de alto nivel

Humberto advierte que el “golpe de calor” es una amenaza real tanto para la estrella de la WTA como para el espectador más entusiasta. A esto se suma la superficie. Al jugarse en cancha dura, el impacto en las articulaciones es seco y constante. Cada jugadora reacciona de forma distinta según su fisonomía.

Es ahí donde el ojo clínico de Humberto se vuelve vital. Una recuperación estándar puede tomar de 4 a 6 semanas, pero en el mundo del WTA 500, el tiempo es oro y cada día fuera de la cancha cuenta. Más allá de los vendajes y las salas de recuperación, Humberto López García ve un horizonte fértil.

A los jóvenes profesionales en formación les envía un mensaje de audacia: “Atrévanse”. Aunque la medicina deportiva en México tuvo un auge tras la pandemia, el especialista asegura que el campo laboral aún está “en pañales”. Humberto seguirá ahí, a pie de pista, listo para intervenir cuando el cuerpo de una atleta diga “basta”.

Su labor consiste en recordarles que, aunque el sol de Yucatán sea inclemente y el cemento de la cancha no perdone, siempre habrá un equipo médico listo para devolverlas a la batalla. La dedicación del personal de salud garantiza que el espectáculo del Mérida Open WTA 500 mantenga su excelencia técnica.