Entre el humo de copal y el frío histórico, la celebración de La Candelaria volvió a reunir a decenas de fieles en el corazón del Centro Histórico de Mérida, reafirmando una tradición que trasciende el clima y el paso del tiempo.

La fe transformó el corazón del Centro Histórico

El cruce de las calles 64 y 67, habitualmente dominado por el ruido del tránsito y los cláxones, amaneció distinto este lunes marcado por el primer puente del año y un descenso histórico de temperaturas. El aroma del smog fue sustituido por cera derretida, flores frescas y copal, mientras los rosarios marcaban el ritmo del día.

La Iglesia de la Candelaria, punto de encuentro

Desde temprana hora, la Iglesia de la Candelaria lució abarrotada. Los fieles acudieron puntuales, desafiando los remanentes de la masa de aire frío que aún se sentía en el ambiente. En brazos llevaban Niños Dios con ropones tejidos a mano, velas ornamentadas y cuadros de la Virgen, todos en busca de la tradicional bendición.

Procesión entre cantos y calles históricas

Tras la solemne eucaristía, presidida por el párroco Raúl Lugo Rodríguez, la devoción se trasladó a las calles. La procesión, encabezada por las imágenes de la Virgen de la Candelaria y San José, avanzó por la calle 67, rodeó el Parque de San Juan y regresó al templo entre cánticos y oraciones, pausando por momentos el ritmo del lunes de asueto.

Una tradición que no admite excusas

Para doña María Elena Tun, quien llegó desde una colonia del sur, la cita es ineludible.
No importa el frío, uno viene a dar gracias. La Candelaria es la luz que nos cuida todo el año”, expresó mientras protegía su imagen con un rebozo.

Identidad que se renueva cada año

Al finalizar la procesión, la solemnidad dio paso a la verbena popular. En los alrededores del templo se mezclaron los saludos, la compra de cirios bendecidos y las charlas entre vecinos.

Don José Luis, habitante del rumbo, observaba la escena con emoción:
“Este año se siente distinto por el frío, pero la gente no falló. Es lo que nos da identidad”, comentó.

La luz que debe reflejarse todos los días

La jornada concluyó con el retorno de las imágenes al altar principal. El padre Lugo recordó a los asistentes que la luz de las velas bendecidas debe reflejarse en las acciones cotidianas hacia el prójimo.

Así, entre el frío histórico y el fervor que encendió la calle 64, Mérida renovó su pacto con la fe, confirmando que, incluso cuando el termómetro desciende, la devoción siempre encuentra un rincón cálido en la ciudad.