Se va de clavado
Aunque su nombre ya suena para la alcaldía de Mérida en 2027, Rommel Pacheco dejó claro que, por ahora, sigue "clavado" en la Conade. El titular del organismo aseguró que su prioridad es cumplir la encomienda de la presidenta Claudia Sheinbaum, aunque no cerró la puerta a una futura candidatura: "Si me tocara competir, le damos con todo", afirmó. Con tono relajado, añadió que ya no está tan joven para los clavados, pero sí "medio joven" para seguir haciendo carrera en la política. También confirmó que, si llegara a buscar un cargo en 2027, sería por Morena, siempre respetando los tiempos legales. ¿Será?
La última esperanza
Caminar por las calles de Mérida esquivando marañas de cables a punto de caer o sobrellevar el sofocante calor en medio de apagones constantes se ha vuelto una rutina tan peligrosa como indignante para las familias meridanas. Ante el histórico desorden aéreo y la lentitud de respuesta institucional, la intervención del Ayuntamiento para meter en cintura a las cableras y fungir como gestor vecinal ante la CFE representa un esfuerzo necesario que responde a la urgencia cotidiana; sin embargo, no deja de ser un paliativo local sobre una grieta estructural mucho más profunda. La autoridad municipal hace lo que está a su alcance para ordenar la casa, pero la verdadera raíz del problema no se resuelve solo tensando cables sueltos ni triangulando folios de reporte.
Algunos hablan que es momento de exigir que la autodenominada “empresa de clase mundial” deje los pretextos y asuma con rigor el compromiso que tiene con Yucatán. No basta con mesas de diálogo mientras la electricidad sigue fallando. La última esperanza está en las plantas Mérida IV y Valladolid, que según prometen dotará de electricidad y hasta se podrá vender a otros estados y países. ¿Será?
Montones de problemas
El histórico despertar cívico que hoy moviliza a miles de voluntarios en Yucatán para limpiar sus playas y cenotes corre el riesgo de convertirse en un esfuerzo estéril si las autoridades no frenan el verdadero cáncer ecológico de la costa: las toneladas de escombro y cascajo industrial que los desarrollos inmobiliarios arrojan con total impunidad en los manglares protegidos.
Resulta inadmisible que mientras la sociedad civil asume la responsabilidad de recoger la basura cotidiana, las constructoras utilicen zonas vulnerables de Chicxulub o Chuburná Puerto como vertederos clandestinos, un ecocidio silencioso que exige urgentemente una vigilancia fiscalizadora implacable y mano dura. Es momento de cuestionar seriamente la ligereza con la que las autoridades municipales costeras otorgaron, en su momento, esos polémicos cambios de uso de suelo que abrieron la puerta a la voracidad inmobiliaria sobre ecosistemas vitales para la recarga acuífera y la protección contra huracanes. ¿Será?

