A 11 días de las elecciones locales en Coahuila, el Instituto Estatal Electoral está lleno de impugnaciones. Las quejas en los distintos órganos electorales están en marcha y las autoridades revisan los resultados.

El instituto local ya computó los resultados y confirmó el triunfo del PRI en 16 distritos de mayoría relativa. Morena anunció recursos tanto en el ámbito electoral como en el judicial.

El partido que perdió acusó al otro partido de compra y coacción del voto, de rebasar los gastos de campaña, y de prácticas que deberían contar como factores de anulación del voto: uso electoral de los programas sociales, violencia e intimidación entre simpatizantes y votantes, propaganda calumniosa, irregularidades en casillas. La lista sigue un poco más.

Deliberadamente menciono “un partido” y “el otro”, porque si bien hay una diferencia marcada, lo que me llama la atención es que las denuncias bien podrían intercambiarse en cualquier elección.

Estos mismos reclamos los tuvo el PRI en la elección en Sinaloa, Veracruz, Estado de México y casi cualquier otro proceso electoral que se ha desarrollado desde que vino la alternancia. (Quizá desde antes, pero tenemos que acotar un poco los criterios o no terminamos nunca).

Por eso tengo la duda genuina de ¿qué significa el triunfo del PRI en Coahuila?

Lo pregunto porque he visto interpretaciones (sobretodo de priistas, evidentemente) que hablan de una especie de cansancio o de que la ola morenista está por terminarse en el país. Ahí me parece que hay una falta de autocrítica bastante grave. En primera porque no es que el PRI tenga demasiados gobiernos bajo sus siglas con lo que podamos hablar que eso será lo que hable por sí mismo.

En segunda, y creo que es aquí donde debemos poner atención, es que el patrón de las quejas interpuestas ante el Instituto electoral sí habla de una gestión característica desde el poder.

Es decir, hay cierto tipo de prácticas que en nuestro país no han desaparecido, únicamente cambian de propietario. El uso de programas sociales no ha terminado solo porque los entregue Morena.

O bien, las prácticas de compra de votos parecen afianzarse desde hace varios años y el color de quien paga depende de quién esté en el poder.

Es por eso que más que hablar de un fenómeno de cansancio de Morena, que no veo porque no ha sido una fuerza gobernante en Coahuila, lo que quiero destacar es que la clase política tiene los mismos vicios y eso deberíamos de documentarlo con la intención de quitarlo de los procesos electorales.

El problema que veo es que nuestra vida democrática la veo cada vez más alejada de la voluntad para quitar esos vicios y más concentrada en cómo doblar las reglas para que se logren llevar a cabo sin impugnaciones.

Necesitamos urgentemente que los procesos electorales se parezcan tanto en los vicios.

     @Micmoya