Una mañana de letras y vida

Por Renata Marrufo Montañez

La mañana del jueves 23 de abril, el Centro Cultural Mérida del ISSSTE se transformó en un refugio de nostalgia y esperanza. Bajo el título "Memoria y Escritura", de la mano de las Jach Yucatecas, y en compañía de las escritoras María Elena González y Claudia Sabido Bacab, nos reunimos con un grupo extraordinario de mujeres jubiladas y pensionadas para conversar sobre ese hilo invisible que nos sostiene: la memoria.

Desde temprano, el salón se llenó de miradas atentas y sonrisas que cargan décadas de historias. El propósito era claro: entender que escribir no es solo volcar palabras, sino un ejercicio de rescate. La memoria no es un archivo estático, sino una materia viva que, desde la pluma o el teléfono celular, se convierte en el antídoto perfecto contra el olvido.

Durante la charla compartimos cómo la creatividad funciona como un puente. Les hablé de mi propio proceso: de esas anécdotas juveniles que hoy cobran un nuevo sentido y del uso constante de mi diario. Releer lo que escribimos hace años es, en realidad, entablar una conversación con quienes fuimos.

Claudia Sabido inició las lecturas, no sin antes pedir a las presentes que cerraran sus ojos y se imaginaran la historia que a continuación les leería, titulada "La xko’olel ja’", la cual al final cosechó aplausos y elogios; por su parte, María Elena leyó un extracto de su ensayo "Razonar", que, sin duda alguna, consiguió su objetivo.

Pero uno de los momentos más emotivos de la jornada fue la lectura de mi cuento "El perro de los mil nombres". Este relato nació de una necesidad del alma por preservar lo que el tiempo amenazaba con borrar. Sin embargo, a mitad de la lectura, la emoción pudo más que las palabras. Mi voz se quebró y fue entonces cuando la verdadera magia del colectivo se hizo presente: María Elena tomó el libro y terminó de leer el cuento por mí. Ese gesto no solo completó el relato, sino que ejemplificó lo que compartimos esa mañana: que cuando una voz flaquea, la otra sostiene la historia.

Y es que confieso que era la primera vez que lo leía en voz alta delante de otras personas desde que se publicó en la Antología Jach Yucatecas, pero de nada sirvió leerlo una y otra vez a solas en mi recámara: siempre termino llorando, así sea frente al espejo.

@renatamarrufo