¿Y la seguridad?

El llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a todos los gobernadores a que en los sitios arqueológicos que haya en sus entidades aumenten su seguridad tuvo mucha aceptación.

De inmediato nuestro vecino Quintana Roo anunció que pondrán especial atención en estos lugares, además de sitios donde habrá concentraciones masivas ahora en la época mundialista.

Mientras en Chichén Itzá, la solicitud fue atendida, con la revisión de bolsos y prohibición a la entrada de maletas voluminosas. Bien para unos días, ¿pero después?

Este sitio es el que mayor número de visitantes nacionales y extranjeros atrae cada año en el país. ¿No valdría la pena ocupar unos cuantos miles de pesos que dejan las entradas e invertirlos en sistemas de detección de metales? Para la seguridad no se debe escatimar, de lo contrario, no se puede tener control ante contingencias. ¿Será?

Prenda con alma

Comprar una guayabera o un huipil ‘pirata’ de origen asiático no es solo una transacción económica de bajo costo, es, en el fondo, una erosión silenciosa de nuestra propiedad intelectual y un golpe directo al sustento de las más de 14 mil familias que dan vida a la industria del vestido en Yucatán. Cuando cedemos ante la oferta de productos maquilados en serie en fábricas de China o Vietnam, permitimos que el diseño de alta costura local y el conocimiento ancestral de nuestros artesanos se vean reducidos a una mercancía subvaluada y sin alma; un atropello a los derechos de autor de quienes han perfeccionado estas piezas por generaciones. 

La informalidad en el estado, que ya alcanza un alarmante 58%, no solo asfixia a las empresas establecidas que luchan por un "piso parejo", sino que despoja al artesano de su capacidad de competir en un mercado inundado por el contrabando y la piratería digital.

Elegir lo original es, por tanto, un acto de resistencia cultural y ética. Al adquirir prendas auténticas certificadas por la Canaive, no solo garantizamos calidad y durabilidad, sino que inyectamos vitalidad a una economía regional que todavía lucha por recuperar sus niveles de producción prepandemia. 

Es momento de entender que el valor de un huipil no reside en su etiqueta de precio, sino en la dignidad del trabajo que representa; protegerlo del asedio asiático es proteger nuestra propia historia y asegurar que el diseño yucateco siga siendo motivo de orgullo, y no una simple copia desechable en una red social. ¿Será?

Buen final

En una escena que bien podría describirse como el capítulo final -y ecológico- de una elección, el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Yucatán (IEPAC) decidió que los papeles del Proceso Electoral Extraordinario 2025 no terminarían en el olvido, sino en el reciclaje.

Con tono solemne, pero destino mucho más práctico, un total de 22 toneladas de documentación electoral fueron enviadas a su transformación en la empresa Recuperadora de Cartón del Sureste, donde las boletas y demás papelería cambiarán de vida útil, quizá como cajas o libretas.

El acto no fue improvisado. Bajo la supervisión del secretario ejecutivo, Enrique Uc Ibarra, y con la presencia de consejeros y funcionarios electorales, se verificó que el material, resguardado previamente en la bodega central, recibiera un manejo adecuado y apegado tanto a la normativa legal como a los estándares ambientales.

Entre quienes atestiguaron este “adiós con causa” estuvieron Ariana Couoh Osorio, Roberto Ruz Sahrur, Danny Israel Och Góngora y Mario González Nájera, quienes dieron fe de que el proceso se realizara sin sobresaltos, ni papeleos pendientes. ¿Será?