por Alberto González

Decir que el Estadio Banorte y las autoridades pasaron la prueba rumbo al Mundial 2026 con el operativo y la organización del partido México-Portugal es una postura alejada de la realidad y que ignora lo que sucedió en la explanada.

Y no se trata solo del estadio a donde miles de personas no podían entrar cuando la pirotecnia ya adornaba la estampa de un Coloso de Santa Úrsula que despertaba con su inauguración, es decir, cuando el evento por el que pagaron ya había empezado. Ante la mala organización y riesgos de una tragedia por una avalancha humana, muchas personas optaron por irse a casa… o a algún restaurante cercano a ver el partido.

“Son diminutos” decía a través de su cuenta de X @JimenaVillicana, al referirse a los organizadores del partido, mientras describía y mostraba parte de ese tortuoso recorrido para ingresar al estadio, que exhibía una logística fallida desde el transporte. La usuaria de la red @Marifeeer, también describió lo que vivió: “Lo sucedido en el Estadio Banorte es una vergüenza y una tristeza: la desorganización hizo que miles viviéramos un calvario para entrar. Dos horas (o más) y casi todo el primer tiempo perdido por falta de estándares para asegurar el acceso (...)”

“El acceso al Estadio Banorte debe mejorar. Y para eso deben trabajar más nuestras autoridades políticas en lugar de tomarse fotos mientras aparecen en eventos sociales”, escribió el periodista deportivo David Faitelson en la misma red social.

En 24 HORAS también se documentó el caos y se difundieron videos que mostraban a miles de personas enfundados en la casaca verde de la selección, amontonados en la explanada del estadio, muchos molestos, porque no podían entrar a un evento para el que pagaron.

Algunos de los asistentes aseguraban haber llegado dos horas antes. ¿Por qué se hizo el embudo? ¿Quién autoriza eventos con exiguas medidas de seguridad? ¿Quién garantiza la seguridad de los asistentes a un espectáculo?

Decir que el estadio pasó la prueba es negar lo que vivieron esas miles de personas y no comprometerse a solucionar las fallas del pasado 28 de marzo. Desde el transporte saturado, las obras sin terminar, hasta la desorganización para el acceso e, incluso, las medidas de protección civil implementadas. Y ya con ese cúmulo de errores, habrá que esperar las investigaciones a ver si el incidente que marcó la inauguración del estadio con una vida, es completamente ajeno a la falta de medidas de seguridad y señalamientos adecuados.

No se puede culpar solo a la empresa responsable del estadio por el caos que incluyó un momentáneo encontronazo entre policías y aficionados. Las autoridades capitalinas son corresponsables de la seguridad de la gente que ingresa a través de la revisión de medidas en materias de Protección Civil, que incluyen desde señalamientos, vigilancia adecuada y hasta estructuras.