Un año más, las familias yucatecas se volcaron al Cementerio General y a su contiguo Panteón Florido a fin de recordar a sus fieles difuntos. Poco después de las 14 horas más de 2 mil personas habían acudido a esos sitios en donde reposan los restos de sus seres queridos; y en donde al día de hoy ya no cabe un alma.
Más de 2 mil personas acudieron al Cementerio a recordar a sus difuntos
Los panteones están llenos de múltiples cosas tangibles y no tangibles. Además de tumbas, mausoleos y monumentos, por sus pasillos puede sentirse el flujo constante de los recuerdos de las personas que ya no están, la tristeza de quienes les extrañan; y en días como el de Muertos, también están repletos de gente.
Antes de llegar a la puerta principal del Cementerio General, esa que desemboca la calle 66, una decena de puestos de flores flanqueando la calle dan la bienvenida a quienes visitarán hoy a sus familiares fallecidos. Pocos metros después se erige la imponente entrada a donde descansan sus restos.
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En esta ocasión el ayuntamiento de Mérida permitió el acceso de vehículos que a cuenta gotas fueron ingresando con apoyo de personal del panteón. Una buena parte de ellos lo hicieron únicamente para dejar a algún familiar a que escuche la misa de las 11 horas que ofició monseñor Pedro Mena.
“¡Espérate a que me baje!” gritó una mujer de la tercera edad a un chofer de plataforma que tenía prisa por su próximo pasaje. Para ella, la gente ya no suele acudir al Cementerio, es una tradición que se está perdiendo “y quién sabe qué va a pasar cuando nosotros ya no estemos para mantenerla viva”.
Como pocas veces en el año, los pasillos del Cementerio General -incluso los más recónditos- lucen las huellas del paso de la gente. Las lápidas están limpias y sus floreros repletos de todavía vigorosos crisantemos, margaritas y gladiolos. Es la fiesta de las flores.
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Al recorrer el camposanto es común ver a familias enteras meditando frente a los sepulcros de sus antepasados y llenando latas de “La Costeña” para mantener fresca la flora colocada. También comparten anécdotas con las infancias que no tuvieron la oportunidad de conocer en persona a los fundadores de sus estirpes.
De acuerdo a Yave Alonzo, encargado del inmueble, hasta las 14 horas habían ingresado 2 mil personas, cifra considerablemente mayor a la del año pasado cuando el sitio “se bañó” con la lluvia originada por los remanentes del huracán Lisa.
Juan Manuel Contreras