En Mérida, abrir la llave y encontrar poca presión de agua o tuberías obstruidas puede deberse a un factor que pocas veces recibe atención: el sarro. La alta dureza del agua que abastece a la ciudad favorece la acumulación de minerales en las instalaciones hidráulicas de viviendas y comercios, un problema que especialistas consideran prevenible mediante mantenimiento periódico, una práctica que todavía no está arraigada en buena parte de los hogares.
A esta situación se suma el reto de modernizar la infraestructura hidráulica de la capital yucateca. El director de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (JAPAY), Francisco Torres Rivas, informó que los proyectos necesarios para optimizar el sistema de distribución requerirán una inversión superior a los 3 mil millones de pesos.
JAPAY plantea inversión para mejorar la red hidráulica
“En el cálculo que traemos hasta ahorita, de todo el cierre de circuitos y de cambio de orientación de los esquemas de las zonas de captación de las plantas purificadoras y con las PTARs, estaríamos hablando un presupuesto superior a los 3 mil millones de pesos”, señaló.
Precisó que esta cifra representa aproximadamente el doble del financiamiento que actualmente solicita el Gobierno del Estado al Congreso y reconoció que se trata de un proyecto de largo plazo.
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Por su parte, el ingeniero Carlos Fernández, consultado sobre el tema, explicó que el agua de Mérida es considerada dura debido a su elevado contenido de calcio y magnesio, minerales que el agua adquiere al filtrarse a través del subsuelo calizo característico de la Península de Yucatán.
El agua dura favorece la acumulación de sarro
“Con el paso de los años esos minerales forman incrustaciones de sarro en las tuberías, llaves, regaderas y equipos hidráulicos. Es un proceso natural que puede reducir el diámetro interno de las tuberías y afectar la presión del agua”, explicó.
El especialista señaló que, a diferencia de otras labores domésticas, el mantenimiento preventivo de las instalaciones hidráulicas suele quedar fuera de las prioridades de muchas familias.
“Existe una cultura de mantenimiento reactivo. Generalmente las personas llaman al plomero cuando ya no sale agua con suficiente presión o cuando una tubería se tapa. Muy pocos realizan limpiezas preventivas o revisiones periódicas de sus instalaciones”, reconoció.
Añadió que, en ciudades donde predomina el agua dura, es recomendable revisar las instalaciones cada cierto tiempo y limpiar o sustituir accesorios con acumulación de sarro para prolongar la vida útil de la red doméstica y mantener un flujo adecuado.

