Cómo una serie está sobrecompensando las excesivas carencias de su antecesora.
Estamos de luto, mi querida gente.
No somos una columna de futbol, pero pues es inevitable ignorar el contexto y que el perder contra Inglaterra en nuestro querido Estadio Azteca sí fue un suceso trágico.
Para quienes solo vieron los partidos de México y buscan un consuelo, no se preocupen: acá venimos a distraernos hablando de La Casa del Dragón.
Leí un artículo muy interesante de AV Club (un medio que recomiendo mucho para reseñas y recuentos de series y películas) sobre cómo, a través de la historia de Rhaenyra Targaryen en esta serie, de cierta manera HBO se está redimiendo por el fiasco que fue el final de Game of Thrones y sus injusticias, principalmente la ejecutada contra Daenerys Targaryen.
Para recordarles un poco lo sucedido: la protagonista de esta antes aclamada serie de televisión por fin llegó, después de varias temporadas, a conquistar Desembarco del Rey, luchando contra Cersei Lannister. En el transcurso de dos episodios, pasó de ser una heroína a la tirana más despiadada, quemando toda la ciudad que juraba salvar sin justificación válida. En cambio SPOILERS DE LA CASA DEL DRAGÓN DE AQUÍ EN ADELANTE a Rhaenyra y a su reinado se le está dando el tiempo necesario para, si sucede, comprender por qué cayó. Además de la increíble interpretación de Emma D’Arcy, todos los hechos que ha vivido la reina se les ha dado el tiempo suficiente para respirar, incluidos el duelo de la pérdida de sus hijos y, más importante aún, el mostrar cómo es su tiempo como monarca. Porque el ritmo es una de las cosas más importantes para que las grandes historias generen impacto. No basta con tener una trama sorpresiva: tiene esta que sentirse emotiva y grande. Si solo se cuentan hechos y no comprendemos la realidad emocional por la cual estos suceden, todo carece de sentido o se cae a pedazos con suma facilidad.
Yo no he leído Fire and Blood, el material que está adaptando la serie actual. Pero los acontecimientos de aquel texto han sido relatados de una forma extraordinaria en la pantalla chica. Podría hasta perdonarle el ritmo “lento” de su temporada anterior, porque la espera valió la pena. Cosa que Game of Thrones no entendió y pagó un precio carísimo por esa lección. Su final es de los más infames en memoria reciente.
Ojalá La Casa del Dragón nos cuente un relato mucho más satisfactorio.
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