Guillermo Castillo | Especialistas destacan la importancia de planificar adecuadamente la siembra de flamboyanes en espacios urbanos.

La estampa costumbrista del paisaje yucateco parece incompleta sin la presencia del flamboyán y sus intensas flores rojas enmarcando una casa maya, una albarrada o a una mestiza. Sin embargo, este ícono del folclor local es, en realidad, una especie exótica que llegó a la península hace relativamente poco tiempo, y cuyo manejo en las zonas urbanas actuales exige una estricta planeación para evitar daños a la infraestructura.

El origen del flamboyán en Yucatán

De acuerdo con el doctor en Historia, Iván Vallado Fajardo, los primeros flamboyanes florecieron en Mérida en 1876, traídos desde La Habana, Cuba, y sembrados por don Manuel Cirerol. No obstante, la raíz del árbol es mucho más lejana, es originario de Madagascar, en África Oriental. Desde ahí, los colonizadores franceses lo transportaron a las Pequeñas Antillas, conectando la ruta que finalmente lo traería a tierras yucatecas.

Su capacidad de adaptación facilitó que hoy en día no solo Yucatán lo reclame como propio, sino también regiones como Puerto Rico y Hawái.

“Muchas regiones del mundo sienten que el ejemplar es suyo. Lo que quiere decir que es un árbol hermoso y, sobre todo, que ya es parte del paisaje de nuestras ciudades”, apuntó el doctor en Biología y experto en botánica, Jorge Carlos Trejo Torres, doctor en biología y especializado en botánica.

Te puede interesar:

¿Representa un riesgo ecológico?

A diferencia de otras plantas introducidas que se convierten en plagas y desplazan a la flora nativa, el flamboyán no representa un peligro de invasión autónoma. Trejo Torres aclaró que la especie no se dispersa por sí sola, sino que requiere ser sembrada de manera intencional por el ser humano.

El verdadero desafío del flamboyán no radica en su origen biológico, sino en la falta de planeación urbana al momento de plantarlo en entornos densamente poblados como Mérida y su zona conurbada.

Es un árbol grande, tiene ramas igual de grandes y extendidas, y podríamos decir que es algo quebradiza. El verdadero problema está en sus raíces, ya que son muy poderosas. Debemos entender que la especie no es mala ni buena; todo se resume en dónde se planta en un medio urbano, detalló el botánico.

La distancia adecuada para sembrar un flamboyán

Debido a su innegable atractivo ornamental, durante décadas se han sembrado ejemplares en espacios reducidos como banquetas, camellones angostos o patios pequeños. Al crecer, sus raíces destruyen pavimentos, levantan aceras y fracturan muros o tuberías subterráneas.

Para disfrutar de sus servicios ambientales sin consecuencias destructivas, el especialista recomendó confinar su uso a espacios verdes amplios como parques o avenidas con camellones muy anchos. Asimismo, compartió una directriz indispensable:

La distancia mínima: Un flamboyán debe plantarse a un radio mínimo de tres metros de distancia de cualquier infraestructura que se pretenda proteger (muros, banquetas, tuberías, pavimentos o cableado).

Finalmente, el experto señaló que, si bien se debe seguir promoviendo la siembra de este árbol bajo criterios correctos, también es necesario mantener un manejo responsable. Cuando un ejemplar viejo o mal ubicado representa un peligro inminente de desplome sobre cables, vehículos o transeúntes, la tala es una medida válida y necesaria para prevenir tragedias en la vía pública.