Guillermo Castillo | El Comisario Ejidal, Ernestino Canul Puc, desempeña una labor multifacética que integra la apicultura, la carpintería y el liderazgo comunitario en Tesoco.

A las cinco de la mañana, cuando el sol apenas es una promesa en el horizonte de Tesoco, don Ernestino Canul Puc ya está de pie. No es solo el despertar de un hombre; es el engranaje de una comunidad entera que comienza a moverse. Ernestino no solo es el Comisario Ejidal; es también el carpintero que da forma a la madera local y el apicultor que, desde hace medio siglo, susurra a las abejas para obtener el "oro líquido" de la selva maya.

Para don Ernestino, el campo no es un trabajo, es un linaje. Siguiendo los pasos de su abuelo y su padre, aprendió que la tierra devuelve lo que se le entrega con respeto. Su historia con la apicultura comenzó con una apuesta de juventud y 85 pesos en el bolsillo.

"Desde que tengo 15 años me dedico a la apicultura. Tuve mis primeras abejas que las compré en 85 pesos", recuerda con la nostalgia de quien ha visto pasar cinco décadas entre colmenas.

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Experiencia apícola de Ernestino Canul Puc en Tesoco

Ernestino es un maestro de la optimización. En su parcela, la vida ocurre en perfecta armonía: mientras atiende a sus cerdos y riega la milpa, a escasos 100 metros las abejas trabajan en la floración de huano y jabín.

El proceso es artesanal y meticuloso. Se extrae la cera, se escurre, se filtra para eliminar impurezas y se vuelve a filtrar hasta que la miel brilla con pureza. Pero su visión va más allá de la producción. Gracias a la cercanía con Quintana Roo y al apoyo de su familia, el valor de su trabajo se multiplica. En la comunidad el litro se vende a 50 pesos, pero con la ayuda de su hijo se manda a Cancún y con un conocido llega a Mérida, en estos puntos el costo es de 120 pesos.

"Mando mi miel a Cancún, pero también tengo un amigo que lo lleva a Mérida; así ganamos unos pesos más y no salgo de la comunidad", afirma con la satisfacción de quien ha sabido conectar lo rural con el motor turístico del sureste.

Guillermo Castillo | Como carpintero, el Comisario Ejidal fabrica sus propias colmenas y mantiene viva la técnica ancestral de construcción de la casa maya.

Vinculación comercial entre la comunidad y el turismo del sureste

Cuando el sol arrecia y las tareas del campo dan tregua, Ernestino se refugia en el aserrín. Como carpintero, no solo fabrica las cajas para sus propias colmenas, sino que mantiene viva la arquitectura ancestral. Utilizando madera de la región, construye las estructuras de la tradicional casa maya, un oficio que heredó de su padre y que defiende con la misma destreza con la que maneja el ahumador de abejas.

Hoy, su responsabilidad es doble. Como Comisario Ejidal de Tesoco, Ernestino divide su tiempo entre el cuidado de sus recursos personales y la defensa del territorio colectivo. Su vida es un ejemplo de desarrollo comunitario: un hombre que, sin salir de su pueblo, ha logrado que el sabor de Yucatán llegue a las mesas de los hoteles de lujo en el Caribe.

Ernestino Canul Puc es, en esencia, el reflejo de la resiliencia y la multifacética identidad del maya contemporáneo, un líder que sabe que para gobernar la tierra, primero hay que saber trabajarla.