No debe ser moda

El reto que se mueve en redes que anuncia presuntos tiroteos en escuelas de todo el país es una llama de alerta que las autoridades deben atender y que ya lo hacen bien.

En un mundo en el que la necesidad de algunos de tener notoriedad o que simplemente demuestra la pérdida de valores, este tipo de acciones crispan a más de uno los nervios, pues hay antecedentes inmediatos de desenlaces fatales.

Aquí el asunto es que así como es una moda este reto, la vigilancia no debe de imitar esta tendencia, es decir, hay que tener protocolos que garanticen la seguridad en escuelas y sitios públicos de ahora en adelante. ¿Será?

El dinero no lo paga todo

El derribo de siete ejemplares de maculís en la comisaría de Cholul no es solo una falta administrativa que cometió una gasolinera con permisos vencidos, sino un síntoma de una miopía empresarial que confunde el progreso con el concreto. 

En una ciudad como Mérida, donde el calor no da tregua, el arbolado urbano no es un adorno estético, sino una infraestructura vital que ofrece servicios ambientales invaluables: desde la regulación térmica y la captura de carbono hasta la infiltración de agua al manto freático. 

Ignorar estas funciones en aras de una obra es un atentado contra la calidad de vida de todos los meridanos, y la multa de tres millones de pesos debe servir no como un gasto de operación, sino como un recordatorio de que el patrimonio natural tiene un valor intrínseco superior a cualquier beneficio económico inmediato. 

Es imperativo que este caso marque un antes y un después en la ética del desarrollo inmobiliario y de servicios. No basta con replantar los ejemplares o pagar la sanción económica; la verdadera reparación del daño comienza cuando entendemos que cada árbol derribado es un retroceso en nuestra resiliencia climática. 

El llamado de la autoridad es claro y necesario: la modernización de la capital yucateca solo será sostenible si se construye en armonía con su entorno verde, respetando la normativa que protege los pulmones urbanos que aún nos quedan.

Para todos

Ante lo que muchos analistas, comentaristas y propios aficionados califican el Mundial 2026 como una justa muy elitista por los altos precios de las entradas para los partidos, acciones como el Mundialito Inclusivo se llevan las palmas.

“La inclusión no se dice, la inclusión se hace”, sentenció la directora de la Junta de Asistencia Privada del Estado de Yucatán (JAPEY), Alejandrina León, quien señaló que este evento busca fomentar la inclusión social a través del deporte y la convivencia familiar entre niñas, niños y jóvenes con y sin discapacidad. 

Y es que va más allá de lo deportivo, ya que forma parte de una estrategia social enfocada en fortalecer la participación comunitaria y formar comunidad. ¿Será?