En México, ya sabemos que cuando se crea una comisión o comité, para que lo sea, solo se hace para perder tiempo y ganar pretextos.
Lo mismo pasará con el ente creado por la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, para “investigar’’ la participación de dos agentes de la CIA en un operativo en la sierra tarahumara.
El operativo sirvió para desmantelar tres narcolaboratorios (uno de ellos de nivel industrial) y, lamentablemente, terminó con la muerte de los dos agentes estadounidenses y dos mexicanos un presunto accidente de carretera.
Como era de esperarse, el asunto incómodo a las más altas esferas del poder en México, que se rasgaron las vestiduras acusando a la gobernadora de traición a la patria por haber permitido que dos espías de Estados Unidos participaran en una operación de campo.
Violación de la soberanía, violación de la Constitución, de la Ley de Seguridad Pública y lo que se vaya sumando.
Campos había mantenido una posición firme, seria, y había dejado en las manos de su fiscal, César Jáuregui, la responsabilidad de las explicaciones.
Hasta que tuvo que venir a la capital para explicarle al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, qué fue lo que pasó.
Nada se supo de lo que se dijo en esa reunión; ni una declaración del funcionario federal ni la de gobernadora.
Pero, de regreso a Chihuahua, Campos, que había recibido un respaldo absoluto de su bancada en el Senado, anunció la creación de la Comisión para “investigar’’ los hechos.
Es decir, que ahora pretende hacer creer que ella tampoco supo de la participación de los espías estadounidenses, lo que de entrada ya resulta sospechoso.
Campos, que no tiene una buena relación con la presidenta Claudia Sheinbaum, publicó un tuit en sus redes sociales respaldando las declaraciones de la mandataria a favor de la “colaboración’’ en materia de seguridad con Estados Unidos sin rendir la soberanía.
¿Qué fue lo que hizo cambiar la posición de la panista en un asunto en el que, más allá de los temas soberanos, se está jugando la propia gubernatura?
No lo sabemos, cómo no sabemos por qué no respondió la llamada a la presidenta, que la exhibió como si estuviera escondiéndose; tal desdén, que no ha sido explicado, provocó que Sheinbaum la mandara directo con García Harfuch y con la secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez.
Algo no huele bien en este caso que es más profundo que la simple infiltración de dos agentes estadounidenses en un operativo que, pese a sus logros, ha pasado a segundo plano.
No, no huele nada bien.
Comienza a apestar a chivo.
A chivo expiatorio.
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Este martes María Eugenia Campos tiene una “invitación’’ a una “reunión de trabajo’’ en el Senado, es decir, a una especie de Sanedrín.
La bancada de su partido y el PRI estuvieron a favor de la reunión.
¿Vendrá o no? Es la incógnita.
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La presidenta, Claudia Sheinbaum se reunió el viernes pasado con directivos de la brasileña Petrobras, encabezados por su presidenta Magda Chambriard, para establecer una colaboración con Pemex en exploración, producción y transformación de petróleo, así como en producción de biodiésel.
Este es el fue el segundo acuerdo internacional en materia de petróleo en la semana.
El primero fue la confirmación de la venta de un millón de barriles de crudo a Japón.
Ayer la presidenta inauguró, ahora si de verdad, la extensión del Tren Suburbano que conectará a la CDMX con el AIFA.
Esta vez no se les acabó la imagen.
@adriantrejo

