Urgen respuestas

La postal frente al Palacio de Gobierno no es nueva, pero su urgencia es mayor que nunca, vecinos del norte y poniente de la ciudad, cansados de abrir el grifo y recibir solo aire, han decidido llevar su reclamo al corazón del poder. Es una protesta legítima que llega en el momento más crítico, justo cuando la temporada de calor apenas comienza; ignorar estas voces ahora no solo sería una negligencia administrativa, sino un riesgo latente de salud pública para cientos de familias.

Las autoridades tienen la obligación de combatir este desabasto con soluciones de fondo y no con simples "parches" temporales, pues con la canícula en puerta, el acceso al agua deja de ser un servicio básico para convertirse en una cuestión de supervivencia. La administración estatal debe entender que el tiempo de las promesas se evaporó con la primera ola de calor. ¿Será?

Proyecto ambicioso

Donde la autoridad sí está trabajando es en la situación del suministro eléctrico, que también en las fechas de altas temperaturas presenta fallas.

El gobernador Joaquín Díaz Mena sostuvo una reunión de trabajo con la secretaria de Energía, Luz Elena González Escobar, con el objetivo de tender puentes para fortalecer la coordinación entre Yucatán y el Gobierno de México. Buscan realizar trabajos en conjunto en infraestructura eléctrica, transición hacia fuentes limpias y seguridad ambiental. 

La autoridad estatal apunta que trabaja en proyectos como parte del programa de Renacimiento Maya, en donde destaca la necesidad de desarrollar proyectos de energía solar y eólica.

Ojalá que estos acercamientos logren de una vez por todas la suficiencia en la generación de energía eléctrica, y así terminar con los apagones, que además de causar molestias en ciudadanos y empresarios, también golpean a los bolsillos de quienes viven en la entidad. ¿Será?

Inquietud en comunidad maya

Los que están muy inquietos son pobladores de la comunidad de Pisté, en el municipio de Tinum, pues muestran su desaprobación por el recién inaugurado Centro de Atención a Visitantes (Catvi) de la zona arqueológica de Chichén Itzá. 

El asunto es que no están de acuerdo con el reacomodo de artesanos que por décadas han vendido sus productos en las inmediaciones de la zona arqueológica.

Argumentan que trasladarlos a las nuevas instalaciones afectará a cerca de dos mil familias que dependen de la venta de artesanías a los turistas que acuden a ese lugar. Además, denuncian que para la construcción, operación y administración del Catvi no fueron consultados, como lo establece el convenio 169 de la OIT.

Por este motivo exigen una reestructuración y que las agencias puedan llevar a sus clientes a donde consideren atractivo y no obligarlos a acudir al centro de visitantes. Afirman que ellos, como herederos de la cultura maya, saben de la importancia del sitio y saben que deben cuidarlo y cómo hacerlo. ¿Será?