El último vuelo de la mariposa

Por Renata Marrufo Montañez

Hay nombres que son destino y hay destinos que se escriben con la piel. El pasado 21 de marzo, en el marco de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), fuimos testigos de un acto de honestidad literaria que pocas veces se presencia con tal transparencia: el cierre de un ciclo vital y creativo.

Alegría Agosto, cuya pluma ha sido pulso y trinchera durante 35 años, presentó Piel de mariposa, su noveno y último poemario. Presentar a Alegría es hablar de una mujer que ha habitado la palabra para dignificarla.

En el stand de la Sedeculta, rodeada de voces cómplices como las de Georgina Rosado, Elena Novelo y Erica Millet, la atmósfera no era de una triste despedida, sino de una luminosa transmutación.

Georgina Rosado lo definió con precisión: la poesía de Alegría nos transforma de crisálidas en seres libres; sus versos ya no le pertenecen a ella, sino a todas las mujeres que han encontrado en su erotismo y su rebeldía un espejo donde reconocerse.

El título del libro Piel de mariposa es una metáfora cruda y sublime. Inspirada en la fragilidad extrema de la condición médica homónima, Alegría nos habla de las heridas que no cierran, pero con las que se aprende a volar.

Trayectoria y legado de Alegría Agosto

A su vez, Elena Novelo sugirió en su intervención que este poemario es un viaje depurativo, una “renovación de lo femenino consciente” que decide, por fin, ser dueña de su propia luz.

Lo que hace a esta entrega especialmente trascendental es el anuncio del retiro. Alegría Agosto, la voz que se puso en los zapatos de las mujeres que aman, sufren y desean más allá de cualquier etiqueta social, ha decidido que es momento de disfrutar el silencio, la familia y el tiempo propio.

Erica Millet subrayó con acierto que 30 años de escritura no son solo versos, sino la construcción de un refugio. Y aunque la autora diga adiós al lenguaje poético nos deja una herencia de poemas breves.

Estos poemas son, en sus propias palabras, un instrumento para que la mujer deje de ser objeto y se asuma como sujeto activo de su pasión. Escuchar a Alegría decir “ya sé bien quién soy sin ti” fue el recordatorio de que la poesía, cuando es auténtica, sirve para romper cadenas.

Se retira una mujer que miró con las manos y amó con su sombra. Nos queda su Piel de mariposa, un recordatorio de que, a pesar del dolor y la fragilidad, siempre es posible emprender el vuelo hacia otros rumbos.

Larga vida a las mariposas. Larga vida a nuestra Alegría, que al final nos dejó con la duda de si realmente podrá retirarse luego de dejar el alma en cada poema.