Ni el calor abrasador ni la agenda laboral detuvieron lo inevitable: una calma inusual se apoderó de las calles de Mérida este Jueves Santo.
A pesar de que la Ley Federal del Trabajo no marca esta fecha como un día de descanso obligatorio, el corazón de la capital yucateca decidió "meter el freno" y sumergirse en un silencio que solo se vive en Semana Santa.
Desde las primeras horas de este jueves, el panorama en el primer cuadro de la ciudad rompió con la rutina del caos cotidiano.
El habitual rugir de los motores y el desfile incesante de peatones fueron sustituidos por:
Tráfico fluido
Arterias viales que suelen ser nudos de congestión lucieron despejadas.
Comercio intermitente: Varios establecimientos locales optaron por no abrir sus puertas, sumándose al ambiente de asueto.
Barrios en calma
Zonas tradicionales como el barrio de San Juan reflejaron una estampa de tranquilidad absoluta, con vecinos que prefirieron el resguardo del hogar o la visita a los templos.
Aunque para las oficinas y la ley sea un día hábil más, para el meridano la tradición pesa más que el calendario oficial.
La ausencia de estudiantes y la reducción de la actividad burocrática contribuyeron a que la ciudad respire un aire de "domingo adelantado".
"Es un respiro necesario. El centro suele ser una locura, pero hoy hasta se puede caminar bajo la sombra sin empujones", comentó un transeúnte en la zona de los Portales.
Se espera que esta tendencia se intensifique durante el Viernes Santo, cuando la actividad comercial suele reducirse al mínimo
Y la ciudad se prepare para las celebraciones religiosas del Vía Crucis.






