Estigmas que dañan
Adoptar un animal de compañía se ha vendido como el triunfo de la empatía sobre el consumo, pero tras las cifras de rescates exitosos se esconde una discriminación silenciosa que cuestiona la profundidad de nuestra evolución social.
Persiste en el imaginario colectivo una barrera invisible para los animales adultos y, de forma casi inverosímil, para aquellos de pelaje negro. Mientras los cachorros de colores claros encuentran hogar en cuestión de días, los perros y gatos que han superado los dos años de vida —seres que ya conocen la gratitud y la calma— son condenados a una espera perpetua en los refugios.
Esta preferencia por la "estética" y la "juventud" en seres sintientes revela que, para muchos, la mascota posiblemente aún es vista más como un accesorio más que como un compañero de vida.
Detenerse a reflexionar sobre esta realidad es un ejercicio urgente de humanidad. Un perro adulto o un gato negro no solo cargan con el peso de su historia, muchas veces marcada por el abandono o el maltrato, sino también prejuicios absurdos que limitan su derecho a una segunda oportunidad.
El color del pelaje o la madurez de un animal no definen su capacidad de amar; lo que sí definen estos criterios de selección es la clase de sociedad que construimos. ¿Será?
Violencias mortales
Pero dejar a los animales en los albergues sin posibilidad de tener una segunda familia no es la única violencia, hay algunas más atroces, como la que se difundió en redes sociales: el presunto envenenamiento de gatos y perros en la vía pública.
El hecho fue denunciado en la colonia Ampliación Nueva Mulsay, donde un vecino reportó que su mascota comenzó a convulsionar y al revisar la zona encontraron a los animalitos muertos y cerca de ellos unas croquetas que supuestamente podrían estar envenenadas.
Las autoridades deberán atender este llamado, pues cualquier vida debe ser cuidada y respetada. ¿Será?
Manos a la obra
Y si de derechos hablamos, hay una tarea pendiente en la entidad, pues ayer en pleno día Internacional de la Trabajadora del Hogar, las cifras no son alentadoras.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) a diciembre de 2025, es contundente, en Yucatán de las 46 mil 700 personas que laboran en el trabajo doméstico remunerado, solo el 3% tiene seguridad social.
Y las cifras pueden ser más graves debido a que las mujeres son mayoría en este sector con 86%, unas 40 mil 162 empleadas, frente a seis mil 538 hombres, que representan el 14%.
Es momento de que los legisladores y autoridades pongan manos a la obra, para atender a este sector que en los números está desamparado. ¿Será?

