Jach Yucatecas: la revolución que 
se escribe en femenino

Renata Marrufo Montañez *

@renatamarrufo

No nació para estar a la moda ni para subirse a una ola pasajera. Nació como nacen las urgencias verdaderas y desde la certeza de que si no lo hacían; nadie lo haría por ellas. 

Jach Yucatecas es, antes que colectivo, una declaración. Una revolución íntima y literaria que comenzó a gestarse en sobremesas, en conversaciones postergadas y en la sensación compartida de que hacía falta un espacio propio para la narrativa escrita por mujeres en Yucatán.

El 28 de julio del año pasado, la librería Educal del Centro Histórico de Mérida fue testigo de ese momento. Ahí, Mar Gómez, Georgina Rosado y María Elena González anunciaron el nacimiento de un grupo que, más que sumar nombres, buscaba tejer una red: mujeres nacidas en Yucatán o adoptadas por esta tierra, unidas por la narrativa y por el deseo de ser escuchadas.

“Durante mucho tiempo el tema en reuniones sociales o literarias era la falta de un grupo integrado sólo por mujeres que se dedicaran a la narrativa, pero ahí se quedaba: en deseos e intenciones”, recuerda Mar Gómez, autora de más de una docena de libros y conductora del programa “Letras, libros y escritores” en TeleYucatán. Hasta que un día, cuenta, decidieron dejar de hablarlo y hacerlo realidad.

Desde aquel anuncio hasta hoy el trayecto ha sido, en palabras de Georgina Rosado, “una hermosa y extraordinaria experiencia”, no sólo por el número de mujeres que respondieron al llamado, sino por el alto perfil de quienes aceptaron participar. “Muchas tienen más trayectoria que yo”, reconoce con humildad quien proviene de las ciencias sociales y se incorporó hace pocos años a la narrativa literaria. Y en esa respuesta encontró una primera ruptura: la de los viejos dichos machistas que insisten en que las mujeres no pueden trabajar juntas. “Somos sororas, sabemos reconocernos y trabajar sin competencias malsanas ni falsas soberbias”, afirma.

Pero si algo ha dejado claro este proceso es que la sororidad no significa uniformidad. Jach Yucatecas es, ante todo, diversidad. Estilos, formas narrativas, personalidades, ideologías. “No somos homogéneas, y eso es enriquecedor, pero también representa grandes retos”, explica Gina Rosado. Decidir desde el logo hasta las formas literarias incluidas generó discusiones, sí, pero también aprendizaje. “Priorizamos las afinidades sobre las diferencias y, sobre todo, el cariño, así de cursi como suena, porque las emociones no se niegan en el colectivo: son nuestra fuente de inspiración”.

Para Mar Gómez, también coordinadora del proyecto, ha sido un proceso complicado, aunque profundamente enriquecedor. Tres personalidades distintas intentando caminar al mismo ritmo. “Nuestra fortaleza ha sido la empatía y el amor que tenemos por la literatura”, dice. 

No oculta los tropiezos: conflictos, reclamos de quienes no fueron invitadas en un primer momento, afectaciones emocionales. Con humor habla de una “operación cicatriz” personal para sanar los roces inevitables de todo nacimiento colectivo. 

De esos momentos surgió algo esencial: acuerdos claros y un plan estructurado para abrir próximamente una convocatoria que permita integrar a más mujeres, incluidas poetas que inicialmente quedaron fuera por tratarse de un grupo centrado en narrativa.

Si la experiencia ha tenido tonalidades, como sugiere María Elena González, han ido “del blanco luminoso al gris que da nostalgia y acentúa la tolerancia”. Coordinar mientras se sostienen proyectos personales no es sencillo. Sin embargo, cuando el proyecto tomó forma; recuerda, entendieron con absoluta claridad que era necesario visibilizar la escritura de las mujeres yucatecas. Porque el androcentrismo también ha marcado la historia literaria y, durante mucho tiempo, a las mujeres se les negó un espacio digno, obligándolas incluso a escribir bajo seudónimos o en el anonimato.

Hoy, esa invisibilidad se confronta con una cifra contundente: 45 escritoras integran la primera antología del colectivo, que será presentada en la FILEY. 

Un año y siete días después de su formación, el libro es ya una realidad material y simbólica. “Todo es femenino: portada, corrección, edición”, celebra Mar Gómez.

¿Con qué se toparán los lectores? Con un mosaico poderoso. Ensayos que invitan a la reflexión, crónicas que retratan la cotidianidad, cuentos que exploran las relaciones humanas. “Leer los textos ha sido como caminar por una exposición inmersiva”, describe María Elena. 

Cada historia, dice, está escrita desde la psique y la emoción, lo que otorga un sesgo y un estilo particular. Georgina lo resume sin titubeos: es una obra que incorpora a las principales escritoras de Yucatán y que visibiliza la creación literaria actual hecha por mujeres.

La presentación en la FILEY no será un punto de llegada, sino el inicio de una agenda intensa: once mesas de presentación entre marzo y junio, comenzando en la Biblioteca Central Manuel Cepeda Peraza; participación en espacios gestionados por la Secretaría de la Cultura y las Artes; talleres —algunos gratuitos— para fortalecer habilidades; vínculos con otros colectivos y la posibilidad de llevar su obra más allá de las fronteras, incluso a escenarios internacionales como Las Vegas o Argentina.

Actualmente el colectivo cuenta con 45 integrantes y después de la FILEY lanzarán una convocatoria para sumar a más mujeres yucatecas por nacimiento o adopción con trayectoria literaria. Porque si algo tienen claro es que el proyecto no es excluyente, sino en construcción.

Quienes deseen conocer su trabajo pueden encontrarlas en Facebook como Jach Yucatecas y pronto abrirán nuevos canales de difusión.

“Este es el momento preciso para que las mujeres nos unamos y demos voz a todo lo que traemos en la narrativa literaria”, ha dicho Mar Gómez como invitación abierta, incluso para aquellas yucatecas que viven fuera del país.

Sin duda, Jach Yucatecas no sólo es un colectivo: es una pieza orquestada con muchas tonalidades, como diría María Elena. Una partitura escrita a varias manos donde cada autora aporta su música y, juntas, componen algo más grande que la suma de sus voces: la certeza de que cuando las mujeres se reúnen a contar el mundo, no sólo lo narran, también lo transforman.

*Periodista y escritora 

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Renata Marrufo Montañez | Periodista desde hace 35 años, especializada en temas de música, moda, espectáculos, tecnología, calidad de vida, salud, religión, literatura y cultura en general. También escribe reseñas, cuentos cortos y otros géneros literarios que mezcla con los periodísticos.