por Julio Patán
La 4T es generosa. Si algo nos enseñó el licenciado López es que, no importa lo incompetente o lo corrupto que seas piensen en la carnicería que organizó Gatell con el Covid o en Segalmex de aquí no te van a despedir salvo que cometas un error, y sólo uno: creértela. Asomar la cabeza, pues. Ponerte de protagonista.
Eso fue, justamente, lo que les pasó a los camaradas Romero y Arriaga: se la creyeron, y sufrieron la muerte del burócrata.
Es de toda la vida. La izquierda, al menos desde la toma del poder de los bolcheviques, le ha dado tres cosas al mundo: los referidos burócratas, empresarios beneficiados por los bienes públicos y carniceros.
El obradorismo ha dado lugar a algunos de los segundos, a ninguno de los terceros –para eso está el crimen organizado– y a muchísimos de los primeros. ¿Es una buena vida? Sin duda. Imagínate que vienes de la más rotunda de las mediocridades académicas, con un sueldo de profe que malamente da para restaurantes de medio pelo, libros de Galeano en los saldos de la Feria del Zócalo y vacaciones en hoteles piñatones en la playa, y de pronto tienes ciento y pico mil varitos al mes, secretaria, chofer y a lo mejor hasta varias personas a tu mando. ¡Uf! A toda madre.
Quién dice que la Cuarta no promueve la movilidad social. Lo mejor de todo: el puesto te puede durar un buen rato. Un sexenio y, si no haces muchos aspavientos, hasta dos. Vean, si no, el gabinete actual. La cosa, insisto, es que hay un precio: ser discreto. Sí: el precio de la comodidad, del aburguesamiento, es despojarte de mesianismos.
Puedes sacar libros del tipo “Amigüito, ahora vamoz a ablar de la lucha popular prolongada. ¿Cuantas faces tienen los procesos de descolonizacion? A) Una. B) Dos. C) Trez”. Por ejemplo.
Y que los libros salgan tarde. No hay bronca. Seguirás en el cargo. Incluso puedes usar el dinero de forma discrecional, y pegarte unos buenos viajes a expensas del erario. En el peor de los casos, te darán un nuevo cargo menos atractivo, pero igual de bien remunerado, en otro rincón del gigantesco aparato burocrático mexicano.
Lo que no puedes hacer es, además, ponerte en plan Lucio Cabañas. Decir que representas al movimiento magisterial. Hacer de tu vida burocrática una especie de Playa Girón en la que el yanqui a derrotar es tu jefe.
O sea: el precio del chofer, la quincena y la secretaria es la muerte del ego. Marx y Romero nos enseñaron la senda: pónganse budistas, compañeros, y a lo mejor les alcanza hasta para la casa en Tépoz.

