Trump arremetió contra la presentación realizada íntegramente en español, asegurando que “nadie entiende una palabra” y calificando la coreografía como “repugnante”, especialmente para los menores que seguían la transmisión.
Para el mandatario, el show representó una “bofetada a Estados Unidos” en un contexto que él mismo describió como de fortaleza económica.
Super Bowl bajo tensión política
El evento deportivo se desarrolló en un ambiente político cargado, con la presencia de agentes migratorios como parte del operativo de seguridad, aunque sin detenciones registradas.
Colectivos sociales aprovecharon la visibilidad global del partido para distribuir entre 15 mil y 25 mil toallas con el lema “ICE OUT”, además de realizar intervenciones urbanas inspiradas en la estética del propio Bad Bunny.
Identidad latina en el escenario
El encuentro entre Patriots y Seahawks quedó en segundo plano frente al impacto simbólico del intermedio: más de 12 minutos de música en español, escenografías caribeñas y banderas latinoamericanas que resaltaron el orgullo puertorriqueño del artista.
La aparición de Ricky Martin y Lady Gaga reforzó el mensaje de diversidad cultural, convirtiendo la actuación en una de las más comentadas y polémicas en la historia reciente del Super Bowl.

