Un grupo de 20 monjes budistas, que actualmente caminan desde Texas hasta Washington D. C. para promover la unidad, se ha convertido en un fenómeno social sin precedentes. A medida que se aproximan a la capital de Estados Unidos, miles de personas se alinean en las carreteras o se unen a la marcha durante varios kilómetros.
Esta ambiciosa odisea de 3,700 kilómetros (2,300 millas) atraviesa ocho estados bajo temperaturas gélidas y suelos cubiertos de hielo. En un contexto de marcada tensión política, la presencia de estos religiosos ofrece un cambio de tono necesario para una ciudadanía que busca puntos de encuentro en medio de las divisiones.
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Por ejemplo, el pasado martes al norte de Richmond, la capital de Virginia, diversos ciudadanos esperaron la llegada de la comitiva con flores y gestos de respeto. Entre ellos se encontraba Louella Glessner, un administrador fiduciario de 62 años, quien describió la misión como algo fantástico para el país.
Un mensaje de sanación a través de ocho estados
Desde que iniciaron su recorrido hace 101 días en un centro budista en Fort Worth, Texas, los monjes han difundido valores de compasión y atención plena. En consecuencia, la repercusión ha sido masiva; el mes pasado, 20,000 personas los recibieron en Columbia, Carolina del Sur, demostrando el impacto de su mensaje.

Además de la movilización física, el éxito se refleja en el entorno digital con una página de Facebook que supera los 2.5 millones de seguidores. Asimismo, sus contenidos audiovisuales han generado más de 100 millones de visitas, posicionando a la delegación y a su perro, Aloka, como celebridades internacionales.
Los integrantes de esta procesión provienen de naciones como Laos, Myanmar, Tailandia y Vietnam. Durante sus escalas en localidades como Glen Allen, los monjes suelen pernoctar en campus universitarios o iglesias, donde reciben ofrendas de frutas y bendicen a los asistentes con hilos tradicionales.
El liderazgo de Bhikkhu Pannakara y el impacto social
Al frente del grupo camina Bhikkhu Pannakara, un monje vietnamita cuya vestimenta luce insignias de los distintos departamentos de policía que han resguardado la seguridad en las rutas. Por consiguiente, su liderazgo ha llenado espacios como estadios de béisbol en Carolina del Norte, donde convocó a 10,000 personas.

En sus discursos, el religioso insta a los ciudadanos a evitar el materialismo y abandonar sentimientos de odio o ira. Sobre este punto, Sarah Peyton, una residente de Virginia de 38 años, señaló que la experiencia es pacífica y permite a los asistentes estar simplemente "en el momento".
A pesar del clima conflictivo en el primer año de la presidencia de Donald Trump, los monjes logran congregar a personas de diversos orígenes. “No importa de dónde seas, puedes venir aquí y ser testigo de una experiencia pacífica”, expresó Peyton mientras observaba el paso veloz de la delegación por la carretera.
El camino hacia la Catedral Nacional de Washington
No obstante, la travesía ha enfrentado desafíos físicos considerables, incluyendo un accidente de tráfico en noviembre donde un monje perdió una pierna. A pesar de la gravedad del suceso, el integrante logró reunirse con el grupo en Georgia para continuar con la misión que consideran sagrada.


Sobre su impacto, los monjes publicaron en su blog que su caminar no crea la paz por sí solo, sino que despierta la paz que ya vive en el corazón de la gente. “Cuando nuestro mensaje toca algo profundo dentro de él... algo sagrado comienza a desarrollarse”, explicaron los religiosos durante su paso hacia el norte.
Se prevé que la comitiva llegue a Washington D. C. el próximo 10 de febrero. Su agenda incluye una visita a la Catedral Nacional de Washington, seguida de un retiro de meditación masivo al día siguiente para concluir esta etapa de su labor humanitaria.
Información: AFP

