En el norte de Mérida existe un fraccionamiento que, sin proponérselo, se convirtió en una barrera natural contra inundaciones, un refugio de fauna silvestre y un pulmón verde urbano: La Ceiba 2.
Hoy, sus habitantes advierten que ese equilibrio podría romperse con la llegada de nuevos proyectos inmobiliarios de alta densidad.
Diseñado hace más de cuatro décadas como parte del Club de Golf La Ceiba, el desarrollo contemplaba grandes áreas verdes, baja densidad habitacional y un campo de golf que actualmente funciona como reserva natural.
Sin embargo, con el abandono del proyecto original, el modelo urbano comenzó a fragmentarse.
De área verde a zona en disputa
Con el paso de los años, terrenos destinados a escuelas, parques y equipamiento urbano fueron vendidos, modificando el plan maestro del fraccionamiento.
Ahora, los vecinos alertan que el antiguo campo de golf podría ser lotificado para edificios y desarrollos verticales, lo que cambiaría por completo la dinámica ambiental de la zona.
“Es un área altamente sensible”, advierten los colonos, quienes recuerdan que durante las inundaciones de 2020, mientras otras zonas del norte de Mérida quedaron bajo el agua, La Ceiba 2 absorbió el exceso pluvial de forma natural.
Un santuario urbano en medio de la ciudad
Además de su función hidráulica, los habitantes destacan la presencia constante de fauna silvestre: aves, venados, reptiles y pequeños mamíferos que han encontrado en este espacio un hábitat dentro de la mancha urbana.
Para los vecinos, preservar este entorno no es un lujo, sino un derecho ligado a un medio ambiente sano, especialmente en una ciudad que enfrenta los efectos del crecimiento acelerado.
Regularizar sí, saturar no
Organizados legalmente como asociación de colonos, los residentes buscan la regularización y municipalización del fraccionamiento, pero con reglas claras: respeto al entorno natural, baja densidad y espacios públicos protegidos.
Aunque reconocen la apertura del Ayuntamiento de Mérida para continuar el diálogo, insisten en que el desarrollo urbano debe avanzar sin sacrificar áreas verdes que hoy funcionan como defensa ambiental y calidad de vida para la ciudad.

