La Rosca de Reyes es una de las tradiciones más arraigadas en México durante la temporada navideña. Aunque muchos la consideran parte esencial de la cultura nacional, su origen es español y llegó a nuestro país como una costumbre ligada a la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús.
Este pan dulce marca simbólicamente el cierre de un ciclo y el inicio de uno nuevo, una idea que se ha mantenido, aunque con el paso del tiempo la tradición ha adquirido nuevos significados.
El simbolismo detrás de su forma y decoración
Originalmente, la forma redonda del pan representaba la continuidad del tiempo. Hoy, su diseño circular es interpretado como una corona, en referencia directa a los Reyes del Oriente.
Las frutas cristalizadas o caramelizadas que la decoran simbolizan las joyas que suelen portar las coronas reales, reforzando el carácter simbólico y religioso de esta celebración que cada año reúne a familias enteras alrededor de la mesa.
El niño Jesús y el compromiso del Día de la Candelaria
Una de las características más emblemáticas de la Rosca de Reyes es que en su interior se esconden una o varias figuras del niño Jesús. De acuerdo con la tradición, quien encuentra una al partir la rosca adquiere el compromiso de invitar tamales el 2 de febrero, durante la celebración del Día de la Candelaria.
Cumplir con este deber como padrino simboliza abundancia y bendiciones, fortaleciendo el sentido comunitario de la tradición.
El acitrón y una tradición en riesgo
Uno de los ingredientes más tradicionales de la rosca es el acitrón, un dulce mexicano que, sin embargo, ha puesto en peligro de extinción a especies como la biznaga Burra o Tonel Grande (Echinocactus platyacanthus) y la biznaga Barril de Acitrón (Ferocactus histrix).
Estas especies están sujetas a protección especial según la NOM-059-SEMARNAT-2010, ya que pueden tardar de 14 a 40 años en crecer apenas 40 centímetros, debido a las condiciones extremas de su hábitat.
Más que un dulce: un valor ambiental
Las biznagas no solo son parte de la tradición culinaria, también cumplen funciones ambientales clave: ayudan a retener y filtrar el agua de lluvia, frenan la erosión del suelo y proporcionan néctar a abejas y otros polinizadores.
Por ello, en años recientes se ha impulsado el uso de alternativas al acitrón, como frutas cristalizadas sustentables, para preservar tanto la tradición como el equilibrio ecológico.

