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El último suspiro del año no solo trae consigo el aroma a recalentado y el estruendo de la pirotecnia; trae también esa necesidad humana, casi instintiva, de aferrarse a la esperanza. Mientras miles de meridanos corren por las uvas o buscan desesperadamente ropa interior roja para el amor y amarilla para el dinero, hay quienes deciden llevar sus peticiones a un nivel más profundo, místico y, para algunos, todavía tabú.

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En los rincones donde el incienso se mezcla con la devoción, los rituales de paso cobran una fuerza inusitada. Ya no basta con salir a la calle arrastrando maletas para atraer viajes; ahora, la búsqueda de equilibrio exige una "limpieza" del alma.

El misticismo y la devoción en la víspera del año nuevo

Para Jenny Pérez, guía espiritual y referente para los devotos de la Santa Muerte, estos días no son de descanso, sino de una actividad frenética. En su espacio, las cartas del tarot no dejan de girar y las velas de siete potencias iluminan los rostros de quienes buscan una respuesta o un escudo ante la incertidumbre del año venidero.

"Es temporada alta", afirma Jenny con la seguridad de quien conoce los anhelos de su comunidad. Para los creyentes de la "Niña Blanca", el fin de año es el momento idóneo para sacudirse las sombras del pasado y blindar el futuro con amuletos y rituales de protección.

Qué se busca en una limpia de fin de año

Lejos de la imagen oscura que el cine ha proyectado, Jenny Pérez explicó que, la búsqueda de sus consultantes es, en esencia, la búsqueda de la paz. Según la guía espiritual, una limpieza completa ofrece resultados que impactan directamente en la salud mental y emocional del individuo.

Liberación de cargas: El objetivo primordial es soltar la negatividad acumulada durante los 12 meses anteriores. Claridad y Enfoque: Al eliminar los "bloqueos", la mente recupera su capacidad de concentración.

Armonía: Una sensación de equilibrio que permite recibir el año con una postura más positiva. "El resultado varía según la perspectiva de cada quien, pero generalmente implica una sensación mejorada de armonía y una mayor claridad mental", detalló Pérez, mientras sostuvo que este proceso ayuda a fortalecer la intuición y la autoconciencia.

La escena en Mérida es un reflejo de un inconsciente colectivo donde conviven el catolicismo tradicional, las supersticiones populares y el culto a figuras como la Santa Muerte. Al final del día, ya sea encendiendo una vela de color, cargando un amuleto consagrado o simplemente vistiendo un color específico, el objetivo es el mismo: sentir que el año que viene será, por fin, el nuestro.

Para los devotos y los curiosos, la transición hacia el 2026 no es solo un cambio de calendario, sino una oportunidad de renacimiento espiritual, donde la fe —en cualquiera de sus formas— es la brújula que guía el camino.