Guillermo Castillo | El Parque Zoológico Centenario registra una alta afluencia de familias este domingo 12 de abril ante el próximo regreso a clases.

El sol de mediodía caía a plomo con unos implacables 32°C, pero en el Parque Zoológico Centenario, el calor era lo de menos. Este domingo 12 de abril, el segundo sitio más visitado de Yucatán —solo detrás de la majestuosidad de Chichén Itzá— se convirtió en el epicentro de la nostalgia y la alegría: fue el último suspiro de las vacaciones antes del regreso a clases este lunes.

Desde temprano, el olor a palomitas, churros recién hechos y antojitos se mezcló con el bullicio de niños que, entre risas y gritos, buscaban desesperadamente un lugar en el tradicional trenecito, ese vehículo de recuerdos que ha transportado a generaciones de yucatecos.

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A pesar de que el termómetro no dio tregua, las familias se armaron con sombrillas, gorras y hieleras para recorrer los pasillos del recinto. Los habitantes del zoológico, desde el imponente león hasta los curiosos primates, fueron los testigos silenciosos de una jornada donde la prioridad era agotar la última gota de energía antes de retomar las mochilas y los uniformes.

El Parque Zoológico Centenario como epicentro de la jornada

Para muchos, el Centenario no es solo un paseo, es un ritual de cierre. Aquí algunos testimonios de quienes vivieron la jornada.

​"Venimos desde temprano para alcanzar lugar en el trenecito. Mañana ya les toca la escuela y queríamos que se lleven un último buen recuerdo de sus vacaciones. El calor está fuerte, pero con una granizada de limón se olvida todo", comentó doña Rosaura, quien acompañaba a sus tres nietos.

Por otro lado, Carlos, un joven padre de familia, destacaba la importancia del lugar:

"No podíamos dejar pasar el último domingo. Es impresionante ver a tanta gente; uno se da cuenta de por qué es el lugar preferido después de Chichén. Es accesible y a los niños les encanta ver a los animales".

Testimonios de los visitantes en el zoológico de Mérida

Al caer la tarde, las filas comenzaron a acortarse y los rostros cansados, pero sonrientes, empezaron a enfilar hacia la salida. Las infancias yucatecas cierran así un ciclo de descanso para enfrentarse nuevamente a las aulas este lunes, llevando consigo el eco de las vías del tren y el recuerdo de un domingo bajo el sol de Mérida.