En la Zona Arqueológica de Chichén Itzá, además de las imponentes estructuras mayas y el constante flujo de visitantes, existe un grupo muy particular de habitantes que se ha ganado el cariño del personal y de quienes recorren el sitio: una pequeña comunidad de perros que, con el paso del tiempo, se ha convertido en parte del paisaje cotidiano y en guardianes informales del lugar.
Una manada con nombre y presencia
Entre ellos destacan Cachimba, considerada la “reina” del grupo; Osa, Rayas, Pinto, Pintita, Guajira, Tiffany y la pequeña Huerita, además de otros caninos que deambulan por el complejo arqueológico.
En total, alrededor de una veintena de perros han encontrado en este sitio un espacio donde reciben alimento, atención médica y, sobre todo, afecto por parte de quienes trabajan diariamente en el lugar.
Trabajo en equipo para su cuidado
De acuerdo con la dirección del sitio arqueológico, el cuidado de estos animales ha sido un reto que se ha afrontado gracias a la colaboración voluntaria de diversos actores que conviven en la zona como custodios, guías de turistas, artesanos, comerciantes, transportistas y personal de distintas áreas.
El custodio nocturno José Antonio Keb Cetina, conocido entre sus compañeros como “don Chepo”, es uno de los principales impulsores de esta labor. Con los años ha desarrollado un vínculo especial con los canes que acompañan sus recorridos de vigilancia por las noches.
Aliados en la vigilancia
Según relató, Cachimba y sus compañeros suelen acompañarlo durante las rondas, alertando de cualquier movimiento inusual y convirtiéndose en aliados inesperados en la custodia del sitio.
Atención médica y control
La atención hacia los animales también incluye acciones de salud preventiva. Personal del área de enfermería coordina campañas de vacunación, desparasitación y tratamientos, además de gestionar esterilizaciones para controlar la población canina.
Estas medidas buscan garantizar que los perros se mantengan en buen estado y evitar la proliferación descontrolada dentro del área arqueológica.
Apoyo de trabajadores y visitantes
En caso de emergencias, el mismo equipo se encarga de canalizar la atención veterinaria, generalmente con el apoyo de personas que trabajan en el sitio y que avisan cuando alguno de los animales requiere ayuda.
Con frecuencia, trabajadores del lugar y visitantes solidarios realizan donaciones de croquetas o aportan alimento para los perros, lo que permite mantenerlos bien nutridos. Algunos incluso llevan agua y comida diariamente para asegurarse de que ningún integrante de la pequeña manada pase hambre.
Parte de la vida en Chichén Itzá
Quienes conviven con ellos coinciden en que, más allá de ser animales callejeros, los perros se han integrado a la dinámica del sitio. Acompañan a los custodios, recorren los senderos y se acercan con curiosidad a los visitantes, quienes a menudo terminan fotografiándolos junto a las antiguas estructuras mayas.
Para muchos trabajadores del complejo, estos canes representan algo más que una presencia habitual: son parte de la comunidad que da vida a Chichén Itzá.

