En Yucatán, las mujeres perciben en promedio hasta 30 por ciento menos ingresos que los hombres. Esta diferencia la asocian especialistas con factores estructurales del mercado laboral, como la distribución de las tareas de cuidado, estereotipos de género y la concentración femenina en empleos de menor remuneración.
La directora del Centro por la Justicia, Democracia e Igualdad (Cejudi), María Paula Balam Aguilar, señaló que, en términos generales, las mujeres llegan a ganar alrededor del 70 por ciento de lo que perciben los hombres en el estado.
En entrevista, la activista explicó que la brecha salarial se vuelve más visible cuando se analiza en el contexto del aumento del costo de vida.
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El impacto del costo de vida en la brecha de ingresos
“Estadísticamente las mujeres percibimos menos ingresos que los hombres y, cuando analizamos el contexto económico actual, como el aumento en las rentas o en el costo de la canasta básica, la brecha se amplía aún más para nosotras”, señaló.
De acuerdo con la directora de Cejudi, la diferencia en ingresos no responde a un solo factor, sino a una serie de dinámicas sociales y laborales que afectan de manera diferenciada a mujeres y hombres.
Entre ellas mencionó percepciones persistentes dentro del ámbito laboral. Según explicó, en algunos casos se asume que las mujeres casadas podrían dedicar más tiempo a responsabilidades familiares, lo que puede influir en oportunidades de ascenso o aumentos salariales.
Por el contrario, a los hombres casados se les asocia con el rol de proveedores del hogar. Magaly Sulub, empleada de un despacho contable, señaló a 24 HORAS Yucatán que en un par de ocasiones ha tenido que renunciar a empleos.
Las labores que hacía eran superiores a las que realizaban compañeros varones con sueldos mayores a los de ella. “El argumento que me dieron era que ellos tenían más tiempo laborando en la empresa, cuando en realidad yo lo percibí solo como un justificante tonto”, dijo.
Desafíos estructurales en el mercado laboral yucateco
Por su parte, Sonia Cervantes indicó que en algún empleo le han comentado la necesidad de emplear a mujeres sin hijos, para “evitar permisos o descuentos” por atender asuntos familiares, lo cual se le hace discriminatorio.
Especialistas en economía laboral han señalado que la brecha salarial de género también se relaciona con la mayor presencia de mujeres en sectores económicos de menor remuneración. También influyen las interrupciones en la trayectoria laboral derivadas de responsabilidades de cuidado.
Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) han documentado diferencias en los ingresos entre hombres y mujeres en diversas regiones del país. La magnitud de la brecha puede variar dependiendo del sector económico, el nivel educativo y la informalidad.
El Inegi señala que a nivel nacional el 46.7 % de las mujeres percibe hasta un salario mínimo y 5.6 % no recibía ingresos. Esto contrasta con la proporción de hombres en estos mismos rubros, que registran 34.0 y 4.8 %, respectivamente.
Destaca que 25.6 % de las mujeres tenía ingresos de más de uno y hasta dos salarios mínimos. En contraste, el 33.6 % de los hombres se ubica en este rango de ingresos.

Hacia un sistema económico con perspectiva de género
Balam Aguilar subrayó la importancia de abrir discusiones sobre temas como economía feminista, justicia fiscal y economía de cuidados. Estos conceptos buscan analizar la forma en que el trabajo, el dinero y las desigualdades de género se relacionan en la vida cotidiana.
En ese sentido, explicó que estudios sobre economía de género señalan que ciertos gastos asociados a necesidades biológicas, como productos de gestión menstrual, representan un costo adicional. Esto impacta directamente en la economía de quienes los utilizan.
Asimismo, indicó que gran parte del sistema económico se sostiene en trabajos de cuidado, como la atención de hijas e hijos, personas enfermas o adultos mayores. Estas labores con frecuencia recaen en mujeres y, en muchos casos, no reciben remuneración.
Ante este panorama, consideró necesario impulsar políticas económicas y financieras con perspectiva de género. Sugirió desarrollar productos financieros que tomen en cuenta las trayectorias laborales de las mujeres, incluyendo fondos de retiro o esquemas de seguridad social.
Aunque reconoció avances en el acceso de las mujeres al mercado laboral y a la educación profesional, sostuvo que persisten desafíos para alcanzar condiciones de igualdad económica.
“El simple hecho de que hoy podamos hablar de mujeres y dinero, de economía de cuidados y de justicia fiscal ya es un avance, pero todavía tenemos mucho que transformar para construir un sistema más justo e igualitario”, concluyó.

