UN MUNDO CONVULSO
Jorge Pacheco Zavala
Luego de los recientes acontecimientos, en donde un enfrentamiento con el conocido líder del narcotráfico dejó varios muertos de ambos bandos, incluido él mismo, el país se paralizó por instantes que en algunas regiones fueron horas. México es, lo queramos aceptar o no un campo de muerte y desaparecidos, de secuestrados y extorsionados, de intimidados y amenazados. Todos pertenecemos a un circulo familiar o de amistad en donde al menos alguien ya vivió la experiencia en cualquiera de sus posibilidades de terror.
Y a pesar de que nuestro país atraviesa por un momento crítico, y que se debate entre la vida y la muerte, estamos convencidos de que una vez más volveremos a ver brillar el sol bajo una atmósfera de justicia y paz.
Todo este caos en el que vivimos, me hace pensar en dos de los ámbitos que creo conocer lo suficiente como para emitir una opinión. Son dos áreas de conocimiento que han regido mi vida por más de 25 años.
La literatura es, de manera natural, un refugio para que el herido y el desalentado encuentre cierto tipo de paz y esperanza. El periodista y escritor francés Olivier Guez comentó recientemente en una entrevista: La literatura es un buen refugio hoy en día. Quienes han recurrido a las letras para sanar el alma, han encontrado cierto efecto que las palabras producen mientras son leídas e interiorizadas, y más cuando esas palabras fueron construidas con la intencionalidad de proveer una mirada distinta a la misma realidad, y claro, eso implica también en medio de la ecuación, el elemento ficcional.
Dije hace algunos días en la presentación de un libro, que la literatura tiene un efecto revelador sobre nuestras conciencias, es decir, sobre aquello que conocemos o creemos conocer. Cité de manera concisa al escritor norteamericano ganador en 1949 del Premio Nobel de Literatura, William Faulkner, quien dijo: La literatura es similar al efeto que un fósforo produce en la oscuridad de un solitario bosque, no nos ayuda para nada a ver mejor, pero nos revela lo profunda que es esa oscuridad.
Si bien la buena literatura puede darnos cierto grado de paz terrenal, no tiene la capacidad de otorgarnos (porque además no fue diseñada para ello) la paz que llega hasta lo profundo del ser, en su espíritu y que nos viene de la sobrenaturalidad de un Dios que ha sido incomprendido y acusado del mal que sufre el mundo.
El llamado urgente parece apuntar al origen, al momento en que la palabra resonó en Génesis y la existencia cobró sentido. La palabra en medio del caos. La palabra que comenzó a poner en orden todo lo que se movía sin sentido. Cuántos hoy nos movemos sin sentido. Nos dijeron: “Hay que mantenerse en movimiento”. Toda acción sin propósito se llama distracción. Todo propósito sin acción se llama ilusión.
Miles de años después, Jesús de Nazaret dijo en Mateo 11:28 y 30: Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los haré descansar; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.
El problema es que queremos todo lo que nos ofrece sin tener que ir a Él. El vengan a mí, no es negociable. Es como querer el deleite y la experiencia de leer un buen libro sin leerlo. Leer la síntesis es hacer trampa, es saltarse la experiencia. El conocimiento sin la experiencia no sirve. La misma palabra de Dios dice acerca de esto en 2 corintios 3:6 …porque la letra mata, pero el espíritu vivifica.
En mi experiencia (pero claro, es la mía), vivir flanqueado por la literatura en todas sus formas, estructuras, colores, sonidos, significados, olores y sensaciones, me ha representado la oportunidad de reinventarme y reinventar la realidad. La literatura ha sido, es y será mi guarida hasta el fin de mis días.
Pero en el otro de los flancos, está la palabra de este Dios vivo en el que creo y con quien he crecido ya por más de 25 años en una relación de Padre e hijo. Este es mi lugar seguro. Porque, aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento… Salmo 23
Así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero,
y será prosperada en aquello para que la envié.
Isaías 55:11

