Guillermo Castillo | Familias yucatecas disfrutan del desfile de carros alegóricos durante el cierre de las fiestas en Ciudad Carnaval.

Ni los 45 minutos de espera bajo el sol ardiente para abordar el "Va y Ven", ni el trayecto a reventar hacia el recinto ferial pudieron frenar el espíritu de los meridanos. Este martes de Batalla de Flores, Ciudad Carnaval no solo despidió al Rey Momo; demostró que, en la capital yucateca, la fiesta es un rito de pasaje que vale cada gota de sudor.

Desde las 11:00 horas, las paradas de la Ruta 10 se convirtieron en el primer escenario del festejo. Sombreros de paja y rostros decorados con escarcha marcaron la fila interminable. Sin embargo, al bajar en Xmatkuil, el cansancio se disolvió entre el aroma a marquesitas y el estruendo de las cornetas que, pasadas las dos de la tarde, anunciaron el inicio del bombardeo de flores y alegría.

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Una batalla de plumas, lentejuelas y política

El derrotero fue una serpiente multicolor que avanzó por más de dos horas. Entre los carros alegóricos y las comparsas, destacó la presencia de la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada, quien rompió el protocolo para fundirse con la multitud, repartiendo souvenirs y compartiendo la calidez de la jornada con los asistentes.

Cuando el sol comenzó a ceder, la energía no bajó; simplemente cambió de frecuencia. Las notas románticas y el pop de Jesse & Joy sirvieron de bálsamo para los pies cansados de miles de personas que transformaron las gradas en una pista de baile.

Al final de la jornada, el sentimiento fue unánime entre quienes emprendían el regreso a los autobuses: valió la pena. Mañana será Miércoles de Ceniza y la sobriedad reclamará la ciudad, pero hoy, el brillo de la escarcha en el pavimento de Xmatkuil es el último testigo de una fiesta que ni el tráfico pudo detener.