Foto: Ecns.cn

Científicos marinos de China identificaron alrededor de 1.730 virus distintos en un entorno submarino donde casi no existe oxígeno. Este hallazgo reveló un ecosistema profundo lleno de microorganismos poco estudiados, lo que amplía el panorama científico sobre la vida en condiciones extremas. Además, los expertos consideran que este tipo de descubrimientos ayuda a entender mejor los procesos biológicos ocultos en las profundidades oceánicas.

La investigación, desarrollada por especialistas de la Academia China de Ciencias, se concentró en el Agujero Azul de Yongle, conocido popularmente como “Agujero del Dragón”. Este enorme sumidero marino se ubica en el Mar de la China Meridional y desciende aproximadamente 300 metros hasta el fondo oceánico. Su profundidad y aislamiento lo convierten en uno de los sitios más singulares para explorar la biodiversidad invisible bajo el mar.

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Los resultados, publicados en la revista Environmental Microbiome, mostraron que cerca del 77% de los virus encontrados nunca habían sido registrados. Los investigadores tampoco lograron emparejarlos con bases de datos existentes, lo que subraya la magnitud del desconocimiento sobre estos ecosistemas. De esta forma, el estudio aporta nuevas pistas sobre la enorme diversidad viral que permanece fuera del alcance de la ciencia tradicional.

Un laboratorio natural sin oxígeno en las profundidades

El Agujero del Dragón representa un ambiente muy distinto a la mayoría de las regiones oceánicas conocidas. Por debajo de los 115 metros, las concentraciones de oxígeno caen prácticamente a cero, creando una zona donde peces y plantas no pueden sobrevivir. Sin embargo, este escenario extremo ofrece condiciones únicas para observar organismos que se adaptan a límites biológicos poco comunes.

A pesar de la falta de oxígeno, los científicos documentaron comunidades microbianas altamente especializadas que prosperan dentro del sumidero. En lugar de depender de la luz solar, estos organismos obtienen energía mediante procesos químicos, lo que redefine la forma en que se entiende la vida en ambientes marinos profundos. Por ello, el Agujero Azul funciona como un laboratorio natural para estudiar mecanismos biológicos alternativos.

Para analizar esta diversidad, los investigadores aplicaron técnicas metagenómicas y recolectaron muestras de agua en cuatro profundidades distintas. A partir de estos datos, identificaron unidades taxonómicas operativas virales distribuidas dentro de las capas estratificadas del agujero azul. Este método permitió describir con mayor precisión la estructura oculta del ecosistema, así como su complejidad biológica.

Virus bacteriófagos sin riesgo para los humanos

El estudio indicó que más del 70% de los virus pertenece a las clases Caudoviricetes y Megaviricetes, grupos conocidos por infectar bacterias y algas. Esto confirma que gran parte de la vida viral en este entorno se relaciona directamente con microorganismos dominantes. Además, estas familias virales desempeñan funciones clave dentro de la red ecológica submarina.

Los investigadores aclararon que estos virus no representan ningún peligro para los humanos. Su función principal ocurre como bacteriófagos, es decir, agentes que infectan bacterias y ayudan a regular sus poblaciones dentro del ecosistema aislado. Este control microbiano resulta esencial para mantener el equilibrio interno en un ambiente tan extremo y cerrado como el Agujero Azul de Yongle.