Foto: metrotravel.mx
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Durante más de cuatro décadas, el Carnaval de Mérida tuvo como escenario principal el emblemático Paseo de Montejo, avenida que cada año se convertía en un corredor de celebración masiva. Entre 2000 y 2013, periodo que muchos yucatecos consideran los años dorados, miles de visitantes se reunían en este punto para vivir una tradición popular y colorida.

En sus primeras jornadas, el ambiente resultaba memorable. Carros alegóricos patrocinados por marcas comerciales avanzaban por la vía repartiendo regalos, comidas y bebidas, mientras comparsas con trajes vistosos bailaban al ritmo de música latina, acompañadas por batucadas y conciertos al aire libre.

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Lo distintivo de esta fiesta era su carácter inclusivo. Familias y grupos de amigos del norte y sur de la ciudad se instalaban desde temprano a lo largo de la avenida, y el Centro Histórico se integraba como una extensión natural de la festividad.

Daños urbanos y afectaciones a residentes y comercios

Sin embargo, el Carnaval en Paseo de Montejo también implicaba un costo elevado para quienes vivían o trabajaban en la zona. Con el paso de las horas, la convivencia familiar llegaba a transformarse, en palabras de observadores, en una “monumental cantina a cielo abierto”.

Los residentes reportaban daños recurrentes: árboles mutilados, mobiliario urbano destruido, fachadas afectadas y autos estacionados incluso en doble fila dentro de cocheras privadas. Al mismo tiempo, las calles quedaban cubiertas por toneladas de basura como serpentinas, confeti y envases de bebidas.

El comportamiento de grupos intoxicados se volvía más visible conforme avanzaban las noches. La música a altísimos decibeles se prolongaba hasta altas horas, imposibilitando el descanso en un radio considerable del Paseo.

Reportes posteriores describieron esos años como una etapa de “anarquía total” en el tramo que iba desde la calle 47 hasta el monumento a Justo Sierra, donde el espacio abierto hacía imposible mantener el orden.

Debate social y presión para cambiar de sede

El traslado del Carnaval no surgió de manera impulsiva. Los foros sobre una eventual reubicación comenzaron desde la alcaldía de Angélica Araujo (PRI), y durante aproximadamente 15 años distintos sectores debatieron la viabilidad de mantener la fiesta en Paseo de Montejo o buscar una alternativa.

La presión venía desde múltiples frentes. Empresarios, hoteleros, residentes propietarios y comerciantes argumentaban que el Carnaval afectaba negativamente la imagen urbana y no atraía turismo de calidad, al convertirse en una “cantina al aire libre”.

De forma más institucional, 17 organizaciones de la sociedad civil presentaron una solicitud conjunta para que se analizara la posibilidad de trasladar el evento, consolidando el tema como un debate urbano y social.

El anuncio oficial de Renán Barrera en 2013

La decisión política final llegó con el presidente municipal Renán Barrera Concha, durante su primer período 2012-2015. El 13 de noviembre de 2013, Barrera anunció oficialmente que el Carnaval de Mérida se trasladaría al recinto ferial de Xmatkuil.

El alcalde calificó la determinación como “difícil, pero responsable y que va de la mano con los intereses de la sociedad meridana”, presentándola como una medida orientada al bienestar colectivo.

Posteriormente, se integró el “Comité Técnico Por un Carnaval Mejor”, encargado de realizar un diagnóstico exhaustivo sobre los problemas del Carnaval en su ubicación tradicional y las posibilidades que ofrecía una nueva sede.

Motivos del traslado a Xmatkuil

Entre los factores centrales se encontró la insuficiencia de espacio. Aunque Paseo de Montejo es una avenida icónica, tenía limitaciones naturales como vía de tránsito. La zona de celebración se extendía desde la calle 47 hasta el monumento a Justo Sierra, un tramo que resultaba insuficiente ante las grandes multitudes.

En contraste, Xmatkuil ofrecía un espacio cerrado de decenas de hectáreas, diseñado para albergar grandes concentraciones, con una distribución más espaciosa de visitantes y zonas diferenciadas.

El cambio también respondió a la crisis de seguridad y control. En una vía pública era casi imposible aplicar medidas efectivas, ya que no existía forma de controlar quién entraba ni salía. Como expresaría años después el comisario Rafael Chaires Cuevas: “Cuando estaba en la vía pública, no había el control que hay acá (Plaza Carnaval) por ser un lugar cerrado. Allá era una anarquía total”.

Además, el Carnaval generaba un caos vial que afectaba a toda la ciudad. Residentes sufrían interrupciones severas, comercios registraban afectaciones significativas y la congestión impedía que Mérida funcionara normalmente, por lo que el traslado buscó aislar esos impactos.

A esto se sumó la preocupación por el deterioro del patrimonio histórico. La celebración anual provocaba destrucción de vegetación, daños a estructuras viales, además de manchas y roturas en fachadas de edificios de interés histórico.

El último Carnaval en Paseo de Montejo: 2013

El Carnaval de 2013 marcó el epílogo de una era. Fueron coronados como reyes Pierre David y Malena Barquín, en una edición que se convirtió en símbolo del cierre de etapa antes del traslado definitivo.

El evento contó con invitados especiales como Marisol González, Vanessa Huppenkothen, Shanik Aspe, Daniel Elbitar, Matías Novoa y Ferdinando Valencia, quienes acompañaron una de las últimas celebraciones masivas sobre la avenida.

La asistencia documentada para el domingo de Carnaval fue de aproximadamente 175 mil personas, de las cuales 125 mil se concentraron en el Paseo de Montejo. Los yucatecos que presenciaron ese último desfile lo recordarían años después con nostalgia, como el cierre simbólico de una época en la historia de Mérida.