Foto: Guillermo Castillo
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Camellones, banquetas, parques y diversos espacios públicos ya muestran el florecimiento del maculí y del ceibo, un comportamiento que indica que se adelantó la temporada de sequía, informó el meteorólogo Juan Vázquez Montalvo. De acuerdo con el especialista, este proceso anticipa que durante la segunda quincena de febrero se presentará un periodo con disminución significativa o incluso ausencia de lluvias.

El paisaje urbano de Mérida comienza a modificarse; la ciudad se cubre de tonalidades rosas y blancas por la floración adelantada del maculí, mientras el ceibo —considerado árbol sagrado por la cultura maya— deja ver sus flores como un aviso silencioso. Sin embargo, detrás de esta belleza visual se asoma una alerta climática, pues la sequía correspondiente a 2026 estaría cada vez más cercana, indicó el especialista.

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El experto explicó que la aparición de flores en especies como el maculí y el ceibo coincide tanto con el conocimiento ancestral maya como con proyecciones científicas modernas, las cuales señalan que este comportamiento ocurre aproximadamente un mes antes del inicio del periodo seco.

Conocimiento ancestral y pronósticos científicos

El maculí y el ceibo florecen un mes antes de la sequía, de acuerdo al pronóstico matemático y a largo plazo, por lo que la sequía debe comenzar a mediados de febrero, aunque no sería sorpresa que comience antes”, indicó.

Vázquez Montalvo recalcó que este fenómeno botánico no es casualidad. Tanto los modelos actuales como la sabiduría tradicional coinciden en que la floración precede al cese de las precipitaciones. Bajo este escenario, se espera que la reducción drástica de lluvias se manifieste formalmente durante la segunda mitad de febrero.

Añadió que, aunque el estiaje inicie en las próximas semanas, la fase más severa se presentará entre abril y mayo, prolongándose hasta que el ciclo pluvial logre restablecerse.

Asimismo, recordó que el conocimiento tradicional no solo observa las flores, sino también el tipo de fruto que producen estos árboles, ya que aporta indicios clave sobre la intensidad de las lluvias que podrían registrarse más adelante en el año.

Escenarios climáticos para 2026 y efectos de El Niño

Para 2026, los escenarios meteorológicos plantean un panorama complejo. Actualmente, la región atraviesa una fase neutra asociada a La Niña; no obstante, se prevé que a partir de agosto comiencen a percibirse los efectos del fenómeno de El Niño.

La presencia de El Niño suele representar complicaciones para el campo y el suministro de agua, debido a que genera una reducción en el potencial de precipitaciones, prolonga los periodos secos y disminuye la formación de ciclones tropicales en el océano Atlántico.

A pesar de ello, el especialista advirtió que los pronósticos no son definitivos. Recordó que en 2024, con condiciones similares, los modelos fueron superados por la realidad, al registrarse una temporada altamente activa con 21 ciclones tropicales.

Calentamiento global y recomendaciones

En este contexto, señaló que el calentamiento global se ha convertido en un factor que altera cualquier proyección tradicional.

“El cambio climático ha alterado las reglas del juego”, afirmó, al explicar que el aumento en la temperatura del océano actúa como combustible para los sistemas meteorológicos, lo que puede impedir que se cumplan previsiones de baja actividad. Los modelos nos dan tendencias, pero el calentamiento del océano puede cambiarlo todo en cuestión de semanas”, expuso.

La recomendación del meteorólogo para la población y los sectores productivos es prepararse ante un febrero con condiciones secas y un arranque de la temporada de lluvias que, en teoría, debería regularizarse en junio, antes de que El Niño influya de manera más marcada en el comportamiento térmico y la nubosidad durante la segunda mitad del año.